Opinión | El triángulo

Bandazos intransigentes

Savater sorprende con su intolerancia con opiniones distintas

El escritor y filósofo Fernando Savater reconocía hace unos días haber dado bandazos políticos a lo largo de su vida. Ha cambiado de filas unas cuantas veces. En los años 80 apoyaba a Herri Batasuna, después al PSOE, pasó también por UpyD y Ciudadanos, y actualmente cierra la lista electoral del PP para las europeas. Haciendo campaña precisamente en un acto organizado por los populares criticaba abiertamente los indultos del Gobierno de Sánchez a los independentistas aseverando que España no es un país seguro si se amnistía a delincuentes en contra de la mayoría de los españoles. Este argumento será compartido por muchos ciudadanos, como así han demostrado cuando han salido a la calle a protestar, sin embargo, choca con lo que el mismo Savater hizo hace casi dos años, que fue firmar a favor del indulto de José Antonio Griñán tras ser condenado por el caso de los ERE de Andalucía. Se alegraba, decía públicamente, del desmantelamiento del «indecente tinglado clientelar de los socialistas andaluces» y condenaba las «faltas» del expresidente andaluz, pero prefería no verlo entre rejas. Le caía simpático de una etapa anterior en una revista hípica donde le leía crónicas «excelentes».

Savater es uno de los muchos españoles que han transitado por distintas sensibilidades políticas, llamémoslo así. De la izquierda independentista a la derecha más patriótica. Están en su derecho de ir y venir hacia donde consideren ideológicamente, faltaría más. Lo que sorprende es su intransigencia con opiniones distintas. Parecen no estar dispuestos a hacer la más mínima concesión a quienes ahora se sitúan en el lugar que ellos ocuparon hace tres décadas. Sus ataques son duros y sus posiciones, inflexibles. Ni intentan comprender ni se esfuerzan por encontrar lugares comunes. Buscan la confrontación y la división, se han convertido en los más intolerantes de todos, los más incendiarios, los más extremistas. Entender ese encallamiento por parte de quien incluso un día pensó lo mismo que hoy critica puede explicar el ambiente político existente. Si hace un tiempo pudimos pensar que el tono faltón, macarra y demagogo sería temporal, podemos concluir que se ha convertido en norma. Hasta asuntos de gran trascendencia en los que los principales partidos estaban de acuerdo como el reconocimiento de Palestina acaban constituyendo armas arrojadizas. Tampoco ayuda que el líder del PP calle ante provocaciones mayúsculas como el viaje de Santiago Abascal a Jerusalén para reunirse con Netanyahu en busca de una fotografía para colocar al presidente de Vox en un escalafón institucional que no tiene. Campaña electoral permanente.

  • Periodista

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