Opinión | Al paso

Cruz de navajas

Esa canción de finales del siglo XX de Mecano sigue describiendo la realidad: dos hombres pelean por una mujer como si la opinión de ella no contara por culpa de un machismo salvaje que hasta nuestro grupo más admirado camufló de heroicidad. Pues en 2024 la cosa sigue igual o peor. Ello debe hacernos replantear las estrategias. La Ley contra la Violencia de Género, donde de una forma transversal se apoya a las víctimas, a pesar de sus esfuerzos no ha conseguido desatascar los juzgados de Violencia, que siguen creciendo año tras año. Por eso creo que la ley penal no es la clave. Porque a pesar de que el agresor sabe que la ley se ha endurecido muchísimo, que la presunción de inocencia ahí tiembla y que con solo una llamada será detenido, le da igual. Por eso endurecer las penas no es la solución ni aunque aplicáramos la pena de muerte. Lo digo porque hay muchísimos agresores que matan o agreden gravemente a sus parejas o exparejas y luego, sabedores del horroroso delito cometido, se aplican ellos mismos la pena capital y se suicidan (a propósito, que poco se compadece la sociedad del sufrimiento de la madre del suicidado que también es mujer). Estos suicidios nos están diciendo que la erradicación de la violencia de género no tiene nada que ver con el endurecimiento de las penas. Lo que sí es cierto es que los asesinatos y agresiones no son tan frecuentes en ámbitos con una cultura trabajada. Aquí, si la mujer quiere terminar la relación o si incluso antes de terminarla es infiel al marido (o sea, fiel a sí misma) no hay ‘Cruz de navajas’, sino que se acude a la vía legal y la ira no sale porque la cultura la bloquea. Así, que el único camino para conseguir la igualdad pacífica es la educación temprana. Consecuentemente, los dineros en Educación estarán mejor gastados que en cualquier otra forma de luchar contra la violencia de género.

*Abogado

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