Opinión | Tribuna abierta

Se nos va lo mejor

«Cuando la ciudad decadente y empobrecida es como Córdoba, la ciudad donde Andalucía fue más grande, siento sobre mí el peso y la amargura de la actual humillación de su grandeza con más intensidad, porque al contrastar juzgo más espantosa su actual humillación» (Blas Infante, ‘Revista Córdoba’, N.º 20, 1916). Evidentemente la Córdoba de 2024 no es la Córdoba de 1916, pero si la contextualizamos con las ciudades de su misma población en Europa, sigue siendo la consecuencia del lastre de la oligarquía rural y caciquil que viene padeciendo desde el siglo XIX.

En estas mismas páginas he manifestado en más de una ocasión las insuficiencias educativas, laborales, urbanísticas de nuestra ciudad y provincia, cuyos resultados son muy evidentes: una de las ciudades con mayor número de barrios que padecen un elevado porcentaje de empobrecimiento y exclusión social, un mayor porcentaje de paro, una menor renta per cápita, unos salarios y jubilaciones contributivas de las más bajas del país. Una provincia donde los recortes en educación y sanidad la hacen aún más perecedera. El actual Gobierno andaluz desarrolla una política sanitaria que causa la espera para operarse de 148 días de media, según las noticias aparecidas hace unas semanas. Su política educativa, aprovechando el bajo índice de natalidad, cierra aulas en la pública, manteniéndolas en la educación concertada, en detrimento de la población más desfavorecida.

Son muchas las familias en las que su economía no llega a final de mes. Es tremendamente injusto que en pleno siglo XXI siga habiendo desahucios de familias jóvenes con hijos y de personas mayores con escasos recursos, familias que pasan frío en invierno y calor en verano. Murcia, Madrid y Andalucía destacan entre las comunidades con más problemas para lograr una temperatura adecuada, donde la proporción supera el 36% de la población, según el INE. Familias que, viviendo en el interior como el caso de Córdoba, no disponen de una red de piscinas públicas adecuadas para poder pasar el estío con mayor bienestar. Mientras aumentan las piscinas privadas (155 nuevas piscinas esta temporada, con el gasto de agua que ello conlleva), en los barrios no se construyen instalaciones públicas que amortigüen los días de altas temperaturas, cada vez más frecuentes por el calentamiento global que padecemos.

¿Cuál es la consecuencia más dolorosa de todo ello? La emigración de nuestros jóvenes. Miles se marchan todos los años a otros lugares más prósperos y con mejor nivel de vida. Jóvenes que, una vez que terminan su formación educativa, desarrollan su capacidad intelectual y profesional en países europeos u otras comunidades del Estado. Mientras nuestra juventud busca una mayor promoción profesional y humana, otra juventud nos llega de países con situaciones sociales y económicas infinitamente peor que la nuestra, ocupando labores en el campo, la restauración o el cuidado principalmente, lo que amortigua el descenso poblacional y contribuye a mantener nuestro estado de bienestar por sus cotizaciones y pagos de impuestos.

¿Quiénes son los principales responsables? La oligarquía cordobesa inserta en los diferentes campos políticos y económicos de esta ciudad, incapaces de ilusionar y absorber con proyectos sólidos, estables y bien pagados, todo el conocimiento que emana de institutos y universidades, poderes anclados en el pasado, esperando el maná que les llegue del cielo, del papá estado o de la mamá UE. Mientras ellos mismos se aplauden, se favorecen, se homenajean, la ciudadanía de a pie ve pasar el tiempo, como el reloj de Las Tendillas, con más pena que gloria.

Me gustaría, por mi amor a Córdoba y Andalucía, respaldar la simpática pintada de una pared de la Ribera: «Córdoba, un lugar para flipar». Y es verdad que lo es, pero para flipar toda su población con una vida digna, que no conlleve la marcha de su sangre más vital y juvenil.

*Profesor y escritor

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