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Opinión | Palabras para Andrómina

Autodeterminación

La autodeterminación que no responda a los principios anticolonialistas es un derecho ficticio

Enfrascados en la amnistía, en realidad es la autodeterminación –eufemismo de independencia- el objetivo último. Sabido es que el derecho de la autodeterminación fue una resolución de la ONU para resolver los conflictos coloniales de mediados del siglo pasado, especialmente en África, donde se habían vivido injusticias extremas, y que fue el presidente norteamericano Wilson tras la Primera Guerra Mundial, quien animó a la ya de por sí fracturada Europa a que se identificara una nación que él consideraba que eran los grupos étnicos, con un Estado, fracturándose Europa aún más, porque como escribió el historiador marxista Eric Hobsbawn «un mundo de naciones no puede existir», como se comprueba desde hace un siglo en Palestina-Israel, consecuencia de la política británica en Oriente Próximo hace un siglo.

Que no es constitucional la autodeterminación -un referéndum consultivo sí lo puede ser- parece evidente, pero también lo parecía la amnistía y ya veremos qué pasa. En diversos países europeos -Reino Unido, Yugoslavia- o en Canadá, ha habido refrendos de decisiones separatistas. Pero una de las cuestiones relevantes es que la autodeterminación no es un fin en sí misma sino solamente un instrumento decisorio previamente establecido para corroborar una separación. Porque uno de los problemas prácticos que se plantean, como ocurrió en Canadá y acontece en el Reino Unido con Escocia, es el de llevar ese derecho a la irracionalidad de ejercerlo hasta que salga lo que se pretende por parte de los nacionalistas. Porque si no sale un sí a la secesión ¿qué vigor tendría la decisión negativa? Y si bien las minorías no tienen en ningún país democrático del mundo el derecho de veto -no hablamos de colectivos que de alguna manera lo tienen y es su derecho- de las decisiones mayoritarias, la aplicación de un supuesto derecho que cercene las libertades y afecte a un conjunto superior, no parece sensato a nivel político. Sin duda, son cambiantes las relaciones entre los pueblos, los colectivos, los países, los avances tecnológicos, las migraciones y ello puede alterar la configuración de los países. Pero resulta cuando menos paradójico, pero sobre todo incongruente, que la ideología progresista defienda la inmigración y al tiempo sea nacionalista.

Y se ha llegado a crear, tanto desde la derecha como de la izquierda, y especialmente llama la atención en esta última pues ha confundido autodeterminación con antiimperialismo o anticolonialismo, un nuevo derecho, la autodeterminación, al nivel de la libertad de expresión, o quizás por encima de ella, de la libertad de circulación, de vivir, de opinar, del derecho a la vivienda, de pensar. Pero hay una sustancial diferencia; todos estos derechos, aunque se regulen a nivel colectivo, son de aplicación individual. No así ocurre con la autodeterminación que es implícitamente poblacional. La autodeterminación que no responda a los principios anticolonialistas es un derecho ficticio, eufemístico, un derecho inventado sin derecho, que fragmenta, rompe la solidaridad y la cooperación, y aumenta las probabilidades de guerras y litigios como ha sucedido históricamente. La lógica nacionalista, llevada al extremo, situaría a cualquier comunidad e individuo en la tesitura de su propia autodeterminación en la utopía burguesa o ultracapitalista, aunque sea delante de un ordenador y por supuesto ayudados por la inteligencia artificial, que si es artificial no sé por qué la llaman inteligencia.

  • Poeta y escritor

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