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Opinión | tormenta de verano

Ilusión y tolerancia

Hace cinco lustros ya les pedía a Sus Majestades de Oriente ilusión renovada y tolerancia

En nuestra cultura gastronómica hace furor estos días el tradicional roscón de Reyes. Y en el mismo me gustaría colocar algunos presentes para que nos acompañen el resto del año, que también recogí en la carta de Reyes. Hace cinco lustros desde este rinconcito, ya les pedía a Sus Majestades de Oriente, ilusión renovada y tolerancia abundante. Ilusión de la buena, esa que no se apaga como una estrella fugaz sino que perdura todo el año. Ilusión sostenida no en causas efímeras ni en conjeturas cortoplacistas ni combinaciones aleatorias, sino en principios sólidos y propuestas reales, en capacidades concretas y esfuerzos contrastados.

Pese a los escenarios sombríos a los que nos enfrentan los noticiarios, hay muchos motivos para la ilusión que nacen desde luego de la capacidad férrea de creer en nosotros mismos, en el inmenso potencial que atesoramos y nuestra determinación de ponerlo en valor. Ilusión tanto de forma individual como colectiva, para levantarnos con energía cada mañana con la mejor voluntad de dar lo mejor de nosotros y como proyecto colectivo creíble, basado en los mejores profesionales y artesanos, científicos, artistas, deportistas y empresas o entidades solidarias y colectivos sociales. Ilusión por un futuro que no está escrito pero que goza de los mejores ingredientes.

Y cuando llegue la noche, por favor Majestades, si no apareció en el roscón, sacad también de vuestras alforjas tolerancia a raudales, que necesitamos en unos momentos de pretendida polarización maniquea y reduccionista de casi todo. Tolerancia con los que son minoría; con los que sienten, creen o se expresan de forma distinta. Tolerancia que pase por la escucha activa, se transforme en empatía y solidaridad con el otro, sobre todo con el más excluido y desplazado, con el que no goza de las mismas oportunidades, con quien fue maltratado por esas circunstancias que son parte de nuestro yo. Tolerancia con las flaquezas y las diferencias, pero no con la mentira, ni la desidia, ni la ineptitud.

Y ya que, como narra la leyenda, sois Magos y acumuláis unos superpoderes especiales, dejadnos esa paz que aquí somos incapaces de construir para terminar con tantas guerras fratricidas y odios envenenados; y más que recursos --que los tenemos-- para sacar de la miseria a quienes perecen en ella, dejadnos un Pepito Grillo en nuestras conciencias que nos lleven de vez en cuando a mirarnos en el espejo de nuestras iniquidades y a virar el barco de nuestra vida y decisiones por el camino de la justicia, la libertad y la igualdad de los seres humanos.

Esto pedía tal día como hoy hace 25 años, en que comenzó esta andadura como articulista enredando y tejiendo la filosofía de lo cotidiano. Y cada semana ininterrumpidamente he comparecido en más de 1.200 ocasiones para glosar los avatares periódicos, las cuitas y los sueños de una sociedad que se va transformando. La vida con sus efemérides y estaciones va repitiendo sus citas en el calendario de unas canas antes inexistentes. Ese río de la vida con las pasiones, virtudes y traiciones consustanciales a la condición humana que también van redundando de una u otra manera, aunque nuestra visión y percepción va cambiando con el tiempo. Nosotros no somos los mismos que ayer. Como decía Heráclito, nadie se puede bañar dos veces en el mismo río. Que la «haba del roscón» no nos fastidie la efemérides, y en estas «bodas de plata», que la ilusión y la tolerancia nos acompañen todo este año nuevo que empieza. Que lo vivamos como un gran regalo que no estará al alcance de muchos, y dejemos la mejor huella para tantos que la necesitan.

*Abogado y mediador

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