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Opinión | punto malva

Homenaje o negocio

El centenario de María Callas, con una vida tan breve como intensa, está dando mucho de sí. Conciertos, obras de teatro, libros, recopilaciones discográficas, documentales, una película en marcha, todo tipo de homenajes en estos últimos meses, más todo lo que queda por llegar. Por si fuera poco, la diva lleva varios años revivida y paseándose por los escenarios de medio mundo en forma de holograma. Haciendo caja. Lo próximo, seguro, será un recital en el metaverso.

La fortuna que la Callas no tuvo en vida, una vida trágica que en muchos aspectos supera con creces la de muchas de sus heroínas líricas, la están teniendo sus herederos sacando lustre y rédito a su memoria. María Callas ha sobrevivido más como personaje que como persona. Es bastante habitual, les sucede a muchísimas celebridades. Unas se acomodan, otras se rebelan.

La cantante neoyorquina, de ascendencia griega, lo acató ya en vida, con toda su carga trágica, como un destino fatal. Ella misma lo cuenta en una de las entrevistas rescatadas por Tom Volf, que le ha dedicado, además de muchas horas de investigación, un par de libros y el documental Maria by Callas. Volf ha creado y preside la Fundación Maria Callas, con sede en París, la ciudad en la que se refugió Maria en sus últimos años y en la que tiene previsto dedicarle un museo. No será el primero, porque en Atenas se inauguró hace unos meses otro, el primero en memoria de la diva, y con gran éxito de público. La marca Callas es garantía de éxito.

¿Qué opinaría la diva? Ella, que pasó por la vida como en una montaña rusa, tan divina y tan humana. La sociedad de consumo la ha convertido, como a tantos otros, en un objeto. El mismo destino al que se doblegó en vida, convertida en un objeto para complacer primero a su familia, luego a su público y a sus amantes. María se metió en el papel de diva trágica tras acumular fracasos y decepciones personales, al fracasar una y otra vez en sus intentos de formar una familia y ser traicionada y sometida al escarnio público por su amante Aristóteles Onassis. Como si prefiriera convencerse de que la vida, como las óperas que protagonizaba, se rige por fuerzas misteriosas en lugar de resignarse a aceptar la maldad humana.

La virtualidad con la que María Callas se asoma a la realidad contemporánea no daña a la mujer que fue, pero su memoria queda cada vez más expuesta. ¿Homenaje o negocio?

*Periodista

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