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tribuna abierta

Bárbara Palmero

La casa y el corazón

Israel y Palestina: el mal ya está hecho, es el momento de que hable la política y callen los ‘hooligans’

Decía el estratega Clausewitz que la guerra persigue los mismos objetivos que la política, pero emplea métodos diferentes. Somos de memoria frágil, olvidamos pronto. Cuando el frente ucraniano amenazaba con diluirse en la vorágine informativa, se ha reabierto el frente palestino para recordarnos que si calla la política, habla la guerra.

El reputado intelectual marroquí Tahar Ben Jelloun ha escrito: «La causa palestina murió el 7 de octubre, asesinada por elementos fanáticos sumidos en una ideología islamista de la peor especie». Ninguna causa, por justa que sea, resiste un coche bomba en el Hipercor. O en las calles de Omagh.

Yuval Harari, historiador que vive en un kibutz, afirma que el eterno conflicto no puede resolverse ya según los paradigmas anteriores al Sabbat negro. Porque éstos han sido sustituidos por una depravada realidad que invalida el Tratado de Paz de Madrid, los Acuerdos de Oslo, las Negociaciones de Camp David y la Cumbre de Taba.

Más prestigiosas firmas: el candidato israelí al Nobel de literatura, David Grossman, denuncia la insensibilidad moral de la izquierda mundial, que prefiere jalear al monstruo de la guerra santa contra el infiel, antes que solidarizarse con sus recientes víctimas. Sólo porque éstas son israelíes, y contra Israel todo vale.

La izquierda israelí defiende una solución pacífica y consensuada con los palestinos, basada en el principio irrenunciable de dos Estados para dos pueblos. La izquierda israelí protesta frente a los asentamientos ilegales de colonos de extrema derecha en los territorios ocupados de Cisjordania, y es recibida a balazos por estos dementes. Esa izquierda israelí es la que ha sido secuestrada, acribillada, desmembrada, violada o quemada viva, mientras la izquierda mundial sigue demandando el BDS (boicot, desinversiones y sanciones contra Israel).

Una izquierda mundial que critica la defensa legítima de Israel en respuesta a la barbarie terrorista, pero que mira para otro lado cuando es China quien aniquila a sangre y fuego a los muyahidines del MITO (Movimiento Islámico del Turquestan Oriental), que actúan en la región autónoma de Xinjiang. O que enmudece toda vez que Rusia extermina sin paliativos, muerto el perro se acabó la rabia, a los yihadistas de Uzbekistán y Tayikistán que actúan en el área de Moscú.

Con Israel siempre en el punto de mira, Palestina es la gran causa de la izquierda mundial. La causa por antonomasia, un clavo ardiendo al que agarrarse, dado que las clases trabajadoras, campesinos y obreros, servidores públicos y autónomos, hartos de aguantar tanta chuminada inclusiva, trans, plurinacional y políticamente correcta, se van llevando sus votos en dirección contraria.

Estos días, la actualidad española se ha visto desbordada por una marea de supporters recitando ¡cómo no te voy a querer, forza Palestina oe! e intercambiando bufandas de antisionista con los barras bravas que coreaban ¡israelí el que no vote, eh, eh! Gritan los hooligans, y calla la política. Malo, repito. Muy malo, porque cuando calla la política, habla la guerra. Y se trata de evitar que hable la guerra.

«Si no puedes edificar una casa, construye un corazón», reza un proverbio kurdo. Los cuarenta millones de kurdos son el mayor pueblo del mundo sin país. Y como no les dejan edificar una casa, su propia patria, construyen un corazón, verbigracia viven y trabajan para reforzar su identidad.

Debemos evitar que suceda lo mismo con los palestinos. Y para ello hay que favorecer que hable la política. Mientras Biden intenta apaciguar a Netanyahu, la propuesta de Macron se revela como la mas inteligente. Crear una fuerza internacional que ayude al pueblo palestino a combatir a Hamas, como la que ayudó a los kurdos a derrotar a Estado Islámico.

Eso sí, el día 1 después de Hamas, las potencias mundiales, países limítrofes, organismos supranacionales, oenegés, los pueblos palestino e israelí... y hasta las autoridades religiosas, todos, tienen que forzar al recién conformado Gobierno de Unidad Nacional israelí y al Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, a sentarse juntos en una mesa de negociaciones para alcanzar un tratado de paz duradero.

Urge alcanzar la solución definitiva de dos estados para dos pueblos. O al final se hará realidad el funesto vaticinio de Johnny Cash: «Till Armageddon no Salam no Shalom». Hasta el fin de los días no habrá paz para unos ni para otros. Para nadie.

* Ganadera, escritora y exalcaldesa

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