Opinión | tribuna abierta

35 interminables días

Armengol ha explicado que las fechas de investidura se han fijado de acuerdo con el candidato

La nueva presidenta del Congreso, Armengol, otorgó el 22 de agosto un plazo de treinta y cinco días al candidato del PP, Núñez Feijóo, para que prepare su investidura los días 26 y 27 de septiembre. Mientras tanto, el gobierno permanece en funciones, el país está relativamente paralizado y los españoles nos quedaremos sin PGEs, lo cual es como mínimo un perjuicio para la comunidad. Las democracias tienen servidumbres, y una de las principales es que, para defender el sagrado pluralismo y la igualdad de oportunidades políticas, el sistema debe hacer un parón periódicamente para que se renueven las instituciones... Pero por razones obvias, este efecto debe minimizarse, con lo que resultan excesivos estos periodos muertos de reflexión y negociación. Ya sabe que dicho plazo no es arbitrario ya que se ha calculado de tal modo que si fuera preciso repetir elecciones, estas no coincidirían con las principales fechas navideñas, pero algo más debió poder hacerse para que la comodidad de todos se adaptara a la necesidad general.

Sea como sea, Feijóo ha conseguido la designación, y no por razones consuetudinarias sino porque, siendo imposible asegurar de antemano fidelidades y lealtades entre partidos y grupos, el único dato objetivo que ha podido ponderar el rey ha sido el resultado de las elecciones del 23 de julio, que ganó Feijóo. Armengol ha explicado que las fechas de investidura se han fijado de acuerdo con el candidato, en cuyo caso cabría preguntarse para qué necesita Feijóo cinco semanas. Porque las condiciones de contexto son bien conocidas:

En primer lugar, ya le ha explicado Vox al PP en términos muy duros que para contar con esa organización Feijóo tendrá que evitar todos aquellos comportamientos que, por acción o por omisión, contribuyan a formar un cordón sanitario alrededor de los ultras. En consecuencia, los interlocutores de Feijóo ya saben que la oferta del líder popular incluye un pacto con Vox y por tanto la aceptación de posiciones homófobas, xenófobas, contrarias a las políticas de género y partidarias de suprimir el Estado de las Autonomías para regresar a un Estado unitario basado en la provincia, en el que conceptos como Cataluña o Andalucía son simples expresiones geográficas, sin valor político ni administrativo alguno.

En segundo lugar, el PP ya sabe quiénes son sus potenciales interlocutores. Es obvio que ERC, Bildu y BNG nada tienen que hablar con representantes del PP. Junts sí podría reeditar con el PP viejos pactos --el PP de Aznar pasó del «Pujol, enano, habla castellano» al paladino reconocimiento por Aznar de que él «hablaba catalán en la intimidad»--, si no fuera porque el cómplice del PP, Vox, ha propuesto un 155 preventivo para evitar las veleidades nacionalistas de unos partidos que la formación de Abascal cree que habría que ilegalizar.

En tercer lugar, el PNV, que también es conservador como el PP, no haría ascos a un pacto con el PP en circunstancias normales, pero a pocos meses de las elecciones vascas sería muy raro que los ‘jeltzales’ llevasen al poder a Vox, que es partidaria de eliminar los privilegios forales.

En cuarto lugar, Feijóo ya ha dicho que «tocará» a algunos socialistas, en referencia al crítico expresidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, jaleado con frecuencia por el clan de ‘The Objective’. Page ha demostrado que da preferencia a sus intereses personales sobre los de su propio partido, pero le resultaría muy difícil justificar ante su clientela --y ante sí mismo-- que pacta con quienes se oponen a la memoria histórica, jalean a Franco en sus mítines y rechazan el rescate de los cadáveres de las víctimas del franquismo.

En cualquier caso, Feijóo puede visitar a todos estos posibles interlocutores en unos pocos días, por lo que se entiende mal que nos entretenga durante más de un mes. Si la sinrazón hubiera de imponerse --un pacto entre Feijóo y Puigdemont, por ejemplo--, se lograría en apenas unos minutos. Y si cada cual se atiene a la lógica de la situación, los diálogos no pueden ser muy largos porque las posiciones respectivas están muy claras. Feijóo pretende gobernar de la mano de Vox, y esto es muy difícil de asimilar para una gran mayoría. ¿Para qué, pues, perder tanto tiempo en salvas?

*Periodista

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