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Opinión | historia en el tiempo

Un merecido homenaje (y 2)

Martín de la Cruz prestó durante más de un tercio de siglo valiosos servicios a la Universidad de Córdoba

La destacada participación extranjera en el estimulante homenaje rendido por colegas y discípulos al profesor José Clemente Martín de la Cruz es fruto tanto de su competencia profesional como de su peraltada bonhomía, sencillez, generosidad, empatía.

Durante más de un tercio de siglo, a partir de 1992, de muy valiosos servicios a la Universidad de Córdoba -casi estrenada cuando llegara a ella, proveniente de la flamante Autónoma madrileña- trabajó ahincadamente en su ancho tajo profesional, con logros que le granjearon sin mayor tardanza un relevante crédito en su imantadora especialidad. Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, su sobresaliente gestión anudó aún más estrechamente los lazos que vinculaban a este centro humanístico con los restantes del ‘alma mater’ cordobesa, muy en especial con la legendaria de Veterinaria. Así, ‘verbi gratia’, se ofrece de modo sobresaliente la colaboración ‘El carro en la antigüedad: de la rueda al collerón’ en ‘Conexiones culturales y patrimonio prehistórico’, del prestigioso catedrático de aquella doctor Eduardo Agüera Carmona, con el que organizara un curso extrauniversitario sobre diferentes aspectos del mundo animal convertido de manera instantánea, en pleno ‘boom’ de simpatía e interés por todo lo concerniente al tema, en un éxito de audiencia. La tanta veces proclamada interdisciplinariedad como fórmula infalible para el desarrollo de la ciencia e investigación en el ámbito de la enseñanza superior ha revalidado su exactitud y trascendencia en el colmado currículo del profesor Martín de la Cruz, por fortuna aún en plena posesión de sus muchos y envidiables dotes profesionales. No es ello, por supuesto, noticia menor o irrelevante en un mundo cultural como el español, esterilizado en grado devastador por la hegemonía despótica del doctrinarismo y la ideología extremosas. A lo largo de varios decenios, la modesta pero irradiante llama investigadora alimentada por el titánico esfuerzo de este profesor andaluz seguirá arrojando luz abundante e incontaminada sobre los orígenes de la formidable y -a ojos terrestres- inescrutable aventura del paso de mujeres y hombres por el planeta azul. Enhorabuena. Gracias mil, y «fijo en la ruta»…

*Catedrático

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