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Miren Uruburu

PUNTO Y OCMA

Miren Uruburu

Es ‘solo’ deporte

El sábado 25 de febrero, mientras asistía como espectadora a una partido de fútbol sala de Primera División en el Palacio de Deportes Vista Alegre de Córdoba, recordé las palabras que Ricky Rubio -jugador de la selección española absoluta de baloncesto desde Pekín 2008 hasta... (Scariolo, llévelo al Mundial de 2023)- pronunció ante el micrófono del periodista que lo entrevistaba nada más proclamarse campeón de la Copa Mundial de Baloncesto de 2019: «Es solo deporte, la vida es mucho más que deporte. Pero espero que esta historia que acabamos de escribir pueda inspirar a mucha gente, para ser capaz de superar el día a día, y muchos baches que hay en la vida». En efecto, la vida es más que deporte, pero este puede ser fuente de valores e inspiración para una vida auténtica.

Intuyo que el Córdoba Futsal Patrimonio de la Humanidad llegaba a la última jornada devastado anímicamente, tras siete derrotas seguidas. Sin embargo, el deporte, que también puede ser mágico, concede dosis extra de capacidad de lucha y mantiene fieles a los seguidores de un equipo por muy mal que vengan dadas. Y allí me vi junto a más de 2.000 espectadores, acompañada de familiares, amigos y admiradores de Jesulito, Zequi, Saura, Viana, Bolo o Miguelín. Y de nuevo estaba allí, en los años 90, en la piscina del mismo pabellón de deportes, entrenando con tesón a las órdenes de los pioneros en la natación cordobesa Manolo Castillejo y Camilo Puertas, y escuchando algunos sábados los gritos de quienes acudían a vernos para beneficiarse de esa dosis mágica. Y, ya desde la previa, cuando los jugadores calentaban junto a Manuel Barea, quien les transmite de forma magistral una mezcla de serenidad y positiva excitación, deseé que en aquella época nosotros también hubiésemos tenido a un José García Román que hubiese puesto el dinero de su bolsillo de forma altruista para ayudar a cumplir un sueño, o siquiera 200 espectadores cuando competíamos en casa. Y, mientras nadaba en los recuerdos de hace más de dos décadas, la victoria de los blanquiverdes hizo que de nuevo lo viese claro: baloncesto, fútbol o natación, el deporte puede conceder quince minutos de gloria que parecen eternos desde la perspectiva del aficionado fiel, del entrenador que sufre, del deportista que agoniza o del familiar que acompaña en el día a día.

La historia de superación de cualquier jugador, atleta, gimnasta o nadador puede inspirar a esa mujer que se levanta todos los días en Aldea Quintana para ir a trabajar al campo; a esa investigadora que está a punto de depositar su tesis doctoral; a ese padre que lucha para criar a sus hijos; a esa profesora que recorre más de 500 quilómetros a la semana para dar sus clases y a la vez acompañar en la lucha a sus padres; a esos estudiantes que se lo toman en serio; a ese joven al que acaban de operar y necesita recuperarse para continuar con su vida, o a ese otro valiente al que un salto en Matalascañas le cambió la trayectoria y que más bien es él quien podría inspirar al Córdoba Patrimonio en el partido de pasado mañana en Cartagena.

Es cierto, es ‘solo’ deporte, pero el orgullo de saber que lucharán, la incertidumbre de no poder conocer de antemano qué pasará (¿ganará ‘solo’ sin tilde o con ella?), la emoción previa a saber que se disfrutará y la aceptación de que, pase lo que pase, habrá valido la pena, es un pequeño sumario de la vida. Es ‘solo’ deporte: es la vida.

** Lingüista

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