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Alberto Díaz-Villaseñor

No me digas...

Alberto Díaz-Villaseñor

La gran ramera

«Como dijo Lenin, «los capitalistas nos van a vender la soga con la que los vamos a ahorcar». Cambien ‘capitalistas’ por europeos»

Las cosas, a veces, hay que explicarlas con silogismos. Por ejemplo, a Roma se la llamó en su momento «La gran ramera», como en el Apocalipsis, por la sed vaticana de dinero a través de indulgencias y bulas. Y también en Roma se firmaron en 1957 dos tratados (constitución de la Comunidad Económica Europea y Comunidad Europea de la Energía Atómica) fundamentales para la realidad que es hoy la Unión Europea. Si concluimos que Roma encarna el alma de Europa, aquella le presta a esta su espíritu avaricioso por el vil metal que nacía en las Indias honrado, Quevedo dixit. La cosa se agrava en estas tremendas últimas décadas, cuando se hace más verdad que nunca la identificación entre lo que pudo ser un bonito sueño europeo (’No digas que fue un sueño’, escribió Terenci Moix), el sueño de un continente fuerte y formal, y su metamorfosis en patio de Monipodio sevillano donde todo sinvergüenza halla su asiento. Hemos tenido que ver con sonrojo en los últimos lustros cómo un canciller alemán despojaba a su país y, como causa-efecto, a los demás socios europeos, de su independencia energética en favor de los intereses soviéticos, cuyos resultados estamos pagando ahora. Hemos visto cómo la justicia se reía de este socio tonto que es España, alojando y defendiendo a algunos de los rebeldes principales del separatismo catalán. Vemos cómo hasta lo más sagrado e inocente (me falta el emoticono de la ironía), que es el fútbol, se ha prostituido vendiendo campeonatos a Arabia, a China, y lo seguirá haciendo con lugares en donde Cristo perdió el mechero. El Rubi y el Geri no son sino algunos de los últimos ejemplos de este sonrojo en el que estamos cayendo porque Roma (es decir, Europa) continúa siendo lo que el cardenal Cayetano, aquel erudito dominico del siglo XVI, denunciaba, una cuna de negocios sucios. El silogismo vuelve a sumar otro capítulo con el encarcelamiento de la vicepresidenta del parlamento europeo, Eva Kaili, por corrupción en favor de, al parecer, Qatar. No paran. Como dijo Lenin, «los capitalistas nos van a vender la soga con la que los vamos a ahorcar». Cambien «capitalistas» por europeos, y añadan lo que quieran.

*@ADiazVillasenor Escritor

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