Opinión | MIRAR Y VER

La mujer crecida

Hace cuatro días celebramos el Día Internacional de la Violencia a las Mujeres y, a propósito, un cuento que escribí hace años. Érase una vez un pueblo pequeño. Cada mañana, las mujeres, nada más levantarse, cargaban sus cántaros a la cabeza e iban por agua a la fuente. Sucedía que los hombres las esperaban, las medían para asegurarse de que seguían dando la misma altura, algo que los complacía y les permitía vivir en paz. Pero un día, una de las mujeres, mirándose al espejo, se dijo: ¡Qué pequeña soy! No he hecho nada por crecer. De ahora en adelante tengo que subir de talla. A la mañana siguiente, cuando los hombres la vieron llegar, escudriñándola, murmuraban entre ellos: no parece del pueblo. Pero, una vez en la fuente, y a la hora de medirla, la reconocieron y comprobaron que les sacaba la cabeza a muchos hombres. ¿Cómo has osado crecer? -clamaron- No cabes en el pueblo; tendrás que irte o... La mujer, sin rechistar, se alejó de aquel pueblo Pero ocurrió algo: a partir de aquel día: todas las mañanas, cuando los hombres medían, comprobaban cómo alguna más había crecido. De igual forma, repetían: vete. Poco a poco el pueblo se iba quedando sin mujeres, cosa que inquietó profundamente a los hombres que, reunidos en asamblea, se preguntaron: ¿Qué haremos? De seguir así corremos peligro de extinción. Hagamos el pueblo más grande -dijo uno- y crezcamos todos. Y el pueblo se hizo tan grande que todas las mujeres regresaron, crecían sin miedo, abandonando, definitivamente, el cántaro y la fuente. Hasta aquí uno más de mis tontos cuentos pero el tema de la igualdad, de tanta actualidad en estos días, me ha motivado siempre a trabajar por lo que, desde niña, he creído injusto: la discriminación por razones de sexo. Sin entrar en cuestiones políticas, y mucho menos por estar en pugna de competencias con el hombre, creo que España, hoy, es grande como para que quepamos todos y todas y sigamos creciendo en igualdad y paz. «Este cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata». Eslogan que me gusta porque con él se reafirma que solo la propia mujer tiene derecho sobre su cuerpo.

** Maestra y escritora

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