Opinión | TRIBUNA ABIERTA

El latido humanista de la Judería

Hoy es indudable la influencia y los cambios que la Facultad de Filosofía ha generado

Quizá dentro de otros cincuenta años algún alumno de los que este curso pueblan las dependencias del antaño hospital del Cardenal Salazar escriba, como Monterroso, que el dinosaurio todavía continúa allí. En este caso el tiranosaurio escondido tras la puerta que da acceso al patio del anexo desde la calle Almanzor. Claro que tal y como van las cosas a lo mejor sea por entonces la vía de acceso a vaya usted a saber qué singular metaverso. Los que sí quiero pensar que permanecerán en el patio central son algunos de los parterres de flores que ‘illo tempore’ el profesor Feliciano Delgado regaba en sus ratos libres, acompañado a veces por su perro, bautizado popular y filológicamente por los estudiantes como «Fonema». Toda una evocadora estampa bucólica de aquel Colegio Universitario, luego Facultad de Filosofía, que a principios de los 70 del pasado siglo iniciaba una animosa andadura con la que contribuir a cimentar la naciente Universidad de Córdoba.

La personalidad polifacética de Feliciano incluía, entre otras facetas, la gastronómica, tan pronto asesorando a Pepe García Marín sobre cocina árabe como investigando sobre el ‘garum’ con grave riesgo para quienes habíamos formado con él una especie de club gastronómico del que algunos aún conservamos los estatutos. El y Manuel Abad practicaban asimismo la evangelización musical del viandante dejando que la música clásica fluyese por las ventanas de sus domicilios.

Siguiendo con la evocación también por entonces una pareja de emprendedores se afanaba en abrir, casi al lado, un pequeño mesón --luego restaurante-- donde triunfaba, aunando producto y nombre, un churrasco acompañado de una salsa verde o roja, a elegir. Pronto contaría entre su clientela habitual con una amplia gama de profesores y estudiantes . Y un poco más allá se sucederían en el tiempo dos librerías, ya en el recuerdo --la Científica y la Andaluza-- que, de la mano respectivamente de José Luis Escudero y Mariano Pérez de la Concha, animarían toda clase de reuniones y actividades.

La convivencia con los estudios de Derecho propiciaba que tampoco fuese inhabitual practicar por las inmediaciones el conciliábulo político o sindical propios de la Transición en curso. Como en ocasiones hacía un joven PNN, de nombre José Rodríguez de la Borbolla, que acompañaba a Miguel Rodríguez Piñero --catedrático de Derecho del Trabajo y posteriormente presidente del Constitucional-- para impartir la parte práctica. Los había también con proyección cultural, como Julio García Casas que tras finalizar la clase de Procesal protagonizaba conciertos de piano en el Conservatorio. Y ya por entonces el devenir arqueológico ciudadano traía por la calle de la amargura a Alejandro Marcos Pous y a Ana María Vicent. Ambos, y especialmente ella, auténticos bomberos a la hora de evitar toda clase de desmanes constructivos y expolios incontrolados. La Arqueología de la Facultad sigue combinando desde entonces una acreditada calidad en sus trabajos con una combativa trayectoria en la defensa y promoción del patrimonio. Tampoco tuvo el incipiente centro de Letras, de la mano del profesor Cuenca Toribio, reserva alguna a la hora de iniciar y propiciar la puesta al día de la Historia de Andalucía en un memorable congreso durante los tiempos de la Transición. Ni en acoger con entusiasmo la idea de un joven profesor en Oberlín (Ohio, USA) , Fernando Arrojo Ramos, que un día de 1980 , paseando por la Judería y quizá degustando un vino y unas tapas por el entorno de la plaza del cardenal Salazar, tuvo la inspiración de contactar con los responsables de la Facultad y concertar con ella el que hoy en día es uno de los más antiguos programas universitarios de intercambio con centros de Estados Unidos: Preshco.

Y qué decir de una casa que guarda la memoria de la recuperación de la capilla de San Bartolomé o la creación de la cofradía universitaria. Por no hablar, ya en el terreno anecdótico, de cómo Jiménez del Oso descubrió los extraños fenómenos del aula 1 adelantándose en años a Iker Jiménez.

Viejos inicios aquellos. Hoy es indudable la influencia y los cambios que la Facultad de Filosofía ha generado no solo en el desarrollo y potenciación de las Humanidades en nuestra ciudad y provincia, en la formación de profesionales, docentes e investigadores y en la divulgación, conservación y mejor conocimiento del patrimonio. Es también una institución que forma ya parte indisoluble, como una vecina más, de la historia y la vida cotidiana de la Judería. Y que hoy sigue buscando en las inmediaciones ampliar su espacio vital y su futuro. Algo en lo que no cabe sino desearle éxito. Quizá con una frase latina que suele atribuirse a Aníbal ante los Alpes pero que resulta muy adecuada para quienes se adentran en el saber: ‘Aut viam inveniam, aut faciam’. Que puede traducirse por «encontraremos un camino... o haremos uno». Larga vida a la querida y cincuentenaria Facultad.

*Periodista 

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