Opinión | HISTORIA EN EL TIEMPO

La gravidez de una fecha: 1936

No debe retardarse ni un año más la completa reparación a sus víctimas del lado republicano

A comienzos de la presente otoñada la muy extensa y poco vertebrada comunidad educativa ha mostrado su sorpresa al comprobar la ignorancia al tiempo que la desatención de los adolescentes hacia una fecha clave en el calendario de nuestra contemporaneidad. No obstante, contemplado tal olvido con calma, el asombro se rebaja. Por muchos que sean la trascendencia y simbolismo de una efemérides en la vida de un pueblo, el paso del tiempo los atenúa de modo inexorable. Así, por ejemplo, el hondo impacto de la guerra de Cuba con el que se canceló nuestra gran presencia ultramarina, quedó por entero marginado del recuerdo generacional a raíz del desencadenamiento de la oprobiosa contienda fratricida. Y ello por lamentable que pueda ser en más de un caso, resulta, sin embargo, comprensible y hasta lógico desde una perspectiva histórica. Un siglo desborda todos los parámetros de referencia de la gravidez de una fecha por señalada que esta sea en el recorrido de una colectividad nacional. Como es sabido, nos separa apenas un quindecenio del estallido de la excruciante guerra civil de 1936. No debe retardarse ni un año más la completa reparación a sus víctimas del lado republicano; y el Estado y la misma sociedad españoles no han de escatimar esfuerzos para alcanzar tan difícil y reparadora meta. Desde ha varias generaciones atrás, España es un país sectario (--hay, ‘hèlas’!, otros muchos también en el Viejo Continente, pero tal vez ninguno con su mismo pathos y diapasón escisionista--); y ello agrava la dificultad de un empeño por entero irrenunciable, partan de donde partan las tentativas para lograr el éxito de un tarea tan urgente como insoslayable. La losa de hace un siglo no puede seguir atenazando y obstruyendo los caminos del ineludible porvenir para las generaciones que habrán de construirlo bajo la beneficiosa tutela de una convivencia plural y democrática.

¿Lo conseguirán? ¿Por qué no? En su anhelante espera, los cuerpos rectores de nuestra nación y, en conjunto, toda la ciudadanía han de contribuir a ello animosa y creativamente por el principio básico de la continuidad de nuestro país, atenido a una gran responsabilidad histórica como uno de los artífices innegables de la civilización occidental, la más esplende de las registrada por los anales de la Historia.

** Catedrático

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