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Francisco García-Calabrés

Violencia cero

Tres décadas de ejercicio profesional dan para muchas lágrimas de mujeres maltratadas, para muchas miradas llenas de miedo, para muchas llamadas de ansiedad y socorro, para bastantes informes de tratamientos psicológicos ante tanto agravio, para muchas situaciones de vidas e ilusiones fracasadas, para balbuceos entrecortados que buscan explicaciones, para hematomas visibles en el cuerpo e invisibles en los pliegues del alma que cobijan humillaciones, vejaciones y desprecios intolerables, para tantas incomprensiones familiares, para tantos arrepentimientos falsos y disculpas forzadas, para tantas oportunidades perdidas de nuevos comienzos nunca alcanzados, para tanta congoja y tanto coraje.

No solamente, pero también cuando llega el 25-N acuden a mi recuerdo nombres y rostros, expedientes y casos, calabozos pestilentes en guardias de oficio de cuartelillos de pueblo, historias sórdidas de amor y odio, celopatías patológicas, versiones inverosímiles de lesiones fortuitas, el daño inconsciente y prolongado del alcohol y las drogas, hijos huérfanos de cariño, modelos y referentes violentos, conductas que se permitieron y taparon muchas veces, o una educación discriminatoria en valores y principios.

La lucha contra la violencia sobre la mujer es un deber moral, individual y colectivo, que tenemos como sociedad, del que no deben apropiarse unos frente a otros porque no es una bandera que arrojarnos sino una epidemia que combatir. La verdadera lucha contra la violencia sobre la mujer también es la lucha contra cualquier clase de violencia y cualquier tipo de discriminación, porque una sola es la dignidad de cualquier ser humano. Defender la vida de la mujer y su integridad, es defender la de todos. Su igualdad, la de todos. La coherencia no se parcela.

Además de todas las campañas de sensibilización necesarias que denuncian esas situaciones asimétricas, de todas las condenas por violencia de género de cualquier tipo ya sea física, psicológica, sexual o económica, de todas las manifestaciones recurrentes que llenarán las calles estos días y que tanto han conseguido, de todos los colectivos que han ayudado a tanta gente a salir adelante y conquistar sus derechos; aparte de todas esas estadísticas que estos días se retoman, que ponen de manifiesto las 470 denuncias diarias por violencia de género en nuestro país y las casi medio centenar de víctimas mortales que se suman cada año, lo que no consigo olvidar son todos esos rostros y esas historias que nunca debieron escribirse, que nos interpelan sobre la clase de sociedad que queremos, que cuestionan las justificaciones y la permisividad de algunas conductas, y que revisan también los aciertos y los errores de legislaciones y administraciones, de la falta de medios de la Administración de Justicia, de una sociedad que sigue siendo sexista y de quienes ponen por delante la obediencia y el clientelismo ante los principios y los valores. Nos queda un largo camino que recorrer donde cada paso cuenta.

** Abogado y mediador

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