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Anabel Calero

TINTA Y BORRONES

Anabel Calero

Confía

En los últimos años he escuchado varias veces su historia. Siempre con la misma emoción y nudo en la garganta a pesar de lo desgarrador del relato. Ella era una mujer más, un mujer normal con una buena posición y un matrimonio perfecto de puertas para afuera pero con un infierno dentro de casa del que ni siquiera ella era consciente. «Yo veía en la tele los testimonios de las mujeres maltratadas y, pensaba, pobrecillas. No era capaz de identificar lo que estaba viviendo».

Hasta que un día algo te hace reaccionar. En su caso fue el llanto de su hija mientras su marido la agarraba del cuello sin apenas dejarla respirar. «Mi hija me dio la fuerza, no sé como, para quitarme sus manos de encima y salir corriendo con mis hijos». Marcó un número, el 900 200 999 «un teléfono que me salvó la vida». Es el del teléfono andaluz de ayuda a las mujeres, que la llevaron primero a una casa de acogida y la acompañaron en todo el proceso.

Después fue a la Policía, donde le ayudaron a poner la denuncia y la protegieron en este camino judicial.

Es la historia de Ana Bella, que desde su Fundación ayuda a muchas mujeres invisibles a que dejen de ser víctimas para convertirse en supervivientes. Y es posible porque hay personas como ella y porque el sistema funciona. Porque ni las fuerzas ni cuerpos de seguridad son machistas y porque las instituciones cuentan con los mecanismos posibles para que cada vez sean más las supervivientes.

Por eso en esta semana del 25 de noviembre hay que insistir en la unidad. Unidad de la sociedad y de las instituciones que es lo que reclaman las mujeres. El espectáculo dado estos días con la polémica de la ley del Solo sí es sí es vergonzante. Decir desde el Gobierno que el poder judicial es machista es una irresponsabilidad que acaba afectando a todas esas mujeres que están pensando si dar el paso de denunciar, porque al final el mensaje que se envía es el de «no sirve para nada o no me van a creer». Alegrarse de que haya reducción de condenas a acusados de delitos sexuales, incluso alertar de un posible efecto llamada es ruin. No todo vale en política.

Estoy convencida de que la Ley del Solo sí es sí es una garantía para las mujeres. Pero si hay que hacer una aclaración, modificación que evite los casos de reducción de penas tiene que hacerse. Aprovechar para lanzar estrategias políticas en este contexto es triste y decepcionante.

Frente al bochorno político, el mensaje a todas las mujeres debe ser claro: confía. No estás sola. Hay un sistema preparado y formado para ayudarte, un sistema que funciona, incluso, a pesar de la política.

** Periodista

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