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Opinión | LA RUEDA

El fiasco de la ley del ‘solo sí es sí’

Una metedura de pata monumental. Es lo que ha sucedido con la aplicación de la llamada ley del ‘solo sí es sí’, que pretendía dar más protección a las víctimas de abusos y agresiones sexuales y se ha convertido en un colador de rebajas de condena, e incluso de excarcelaciones, como la de un profesor condenado por abusos sexuales a menores que solo ha pasado un día en prisión. Salió libre el mismo día en que entró en vigor la ley.

Hay varias cuestiones de gravedad en este asunto. Una de ellas es que el Ministerio de Igualdad ya fue advertido de que esto podía pasar. El Consejo General del Poder Judicial ha emitido una nota de prensa en la que señala que, en febrero, ya avisó por escrito de que el anteproyecto de ley para los delitos de agresión sexual recogía una «reducción del límite máximo de algunas penas» y concluía que esto llevaría a la revisión de condenas a las que se hubiera impuesto el límite máximo porque «la aplicación de la norma más favorable constituye un principio básico del Derecho penal».

Por lo tanto, el ministerio no puede decir que no lo sabía, no puede haberle caído de sorpresa y, si lo ha hecho, mal, porque significa que hicieron oídos sordos al informe.

Pero además, lo que tampoco puede hacer un ministerio serio es lanzar una pataleta de patio de colegio señalando al machismo de los jueces como el culpable de las reducciones de penas. Que uno de los poderes del Estado critique tan abiertamente a otro es cuanto menos sorprendente y además de una forma tan subjetiva y utilizando un argumento tan simplista. Lo que deberían hacer los responsables políticos es asumir sus responsabilidades en lugar de echar balones fuera.

Así, ante una situación tan bochornosa y sonrojante, se echa de menos un mea culpa, un poco de autocrítica y, acto seguido, un ponerse a trabajar para frenarlo cuanto antes, porque ya no se puede revertir y, cada día que pasa, más condenados por abusos sexuales pueden salir de la cárcel o ver rebajadas sus penas.

Ahora el Gobierno pide paciencia porque curiosamente otros tribunales con otros jueces --estos no serán machistas imagino-- pueden poner orden y solucionar el embrollo. El Tribunal Supremo ya ha dicho que se va a dar prisa en enmendar la papeleta mientras los más importantes, las víctimas, suman un nuevo sufrimiento. Indignante.

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