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Diario Córdoba

Esa chiquilla que ha caído bajo la violencia nacionalista, esta vez catalana, junto a tantos niños y niñas que esta mañana y ayer y mañana van a la escuela con la angustia de ser marginados por esa ideología, esa hidra que en esta triste España de melancolía no nos cansamos de masticar y tragar y vomitar y alimentar, para volver a masticar y tragar. Somos así de cerriles. Sufrimos cuarenta años de dictadura nacionalista, y, cuando decíamos liberarnos por fin de ella, vamos y levantamos diecisiete dictaduras nacionalistas, muy bien legalizadas, con sus himnos, banderas y toda la parafernalia de separación y de violencia que trajo el nacionalismo al mundo. Somos así de cerriles, necios y egoístas. Construimos nuestra casa, no para vivir en ella, sino para destruirla y volver de nuevo a la intemperie. Lo siento, chiquilla mía, lo siento mucho. Nuestros padres nos dieron restañadas las heridas de nuestra historia, y nosotros, sobre esa reconciliación, volvimos a engendrar y parir el monstruo nacionalista. Lo traicionamos todo, y no por ideas, sino por poder y por dinero, porque solo sabemos ser hipócritas. En realidad, no creemos en ninguna patria; el nacionalismo es el medio de vida que se ha inventado toda esa canalla mendaz, para vivir de la sopa de la violencia, ese caldo cocinado en letrinas y albañales. Solo les importa ellos mismos. Y la escuela, que debería ser el sagrado ámbito donde se transmiten los valores humanos, la paz, la concordia, la cultura, la herencia que nos legaron otros seres humanos, la escuela convertida en esa capa de oscuridad con la que el nacionalismo ahoga las almas, porque vuelve putrefacta la existencia. Y estoy seguro de que los maestros, la mayoría, solo quisieran enseñar, pero el miedo, esa cría que amamanta la hidra nacionalista, los tiene transformados en monstruos. Lo siento, chiquilla mía, porque crecerás respirando ese veneno, y te harás mayor, y llegará a tus manos el poder de ese veneno. ¿Qué harás? ¿Neutralizarás su violencia o la continuarás en otros chiquillos y otras chiquillas como ahora tú? ¿Acabarás siendo otra canalla como los que ahora te insuflan esa hez que nos devuelve a la caverna? ¿Serás otra más como los que ahora te denigran en tu aula? ¿Los obligarás a esconderse, a huir, a marginarse?

** Escritor

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