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Diario Córdoba

Marcos Santiago Cortés

A ver si voy a ser yo

Los otros días me fui con los niños a dar una vuelta por ahí. Mi Pepe, mi Marco, mi Manuel, mi Paula y mi Manuela. Y me hicieron pensar que, a lo mejor, los tiempos no habían cambiado tanto, sino que el que había cambiado un taco era uno. Porque es que esa noche jugaba la final de la Copa de Europa la selección de baloncesto y también había un partido de fútbol entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid. Los niños me preguntaron cosas de estos dos encuentros y cuando quise echar mano, me di cuenta que no tenía ni puta idea. Me preguntaron si me gustaba más el fútbol o el baloncesto, y yo les dije que ya me gustaba más el baloncesto porque el fútbol me dejó de gustar porque perdí el interés cuando los jugadores de los principales clubes dejaron de ser españoles. Y mira que yo de chico era forofo del Atlético porque había un pedazo de jugador que se llamaba como yo, Marcos, y entonces yo me creía que era él cuando jugaba en la calle. Además, en ese tiempo, Hugo Sánchez -que entonces era del Atlético y no del Madrid- jugaba que te cagas, y por eso yo era del Atlético; sobre todo cuando Hugo dijo en la tele que él era mejor que Maradona (por los huevos era mejor que Maradona el colega). Como ellos son del Madrid, les dije los nombres de todos los jugadores de entonces y hasta de los porteros: García Remón, Miguel Ángel y Agustín, que este último este era más alto que el copón para ser español. En fin, que yo en mi papel achaqué que ya no me sabía ni uno solo de los jugadores actuales por militancia patriótica. Luego les hablé del baloncesto. Les conté cómo a las tantas de la mañana me quedé para ver el partido de las olimpiadas de Los Ángeles, donde los españoles, con dos cohone, hicimos frente a los invencibles EEUU mucho más que Yugoslavia y Petrovic. Se me quedaron pasmados cuando les enumeré los jugadores y hasta el entrenador: Epi, Corbalán, Fernando Romay, Fernando Martín, Chicho Sibilio, Nacho Solozábal y el entrenador, Díaz Miguel, que se mosqueaba un montón en cada tiempo muerto.

Como les digo, mis niños quedaron impresionados porque no esperaban que supiera tanto de fútbol y de baloncesto. Y dándomelas de nostálgico de una vida mejor, les dije que el deporte ya no es lo que era. Entonces, la niña me dijo: «pero papá, que la selección de baloncesto ha ganado la Eurocopa y son todos españoles. Dime los nombres». No tenía ni idea. Entonces, como nunca, me di cuenta de que creemos que cualquier tiempo pasado es mejor, pero no porque sea mejor, sino porque la edad avanza y te cansa. No le echemos la culpa al cambio de los tiempos sino al paso de los mismos por nosotros que no hacemos nada porque no cambie lo bueno, porque estamos cansados y ya no tenemos ganas de complicarnos la vida. Porque aquí lo que pasa es que por mucho que nos duela, cada vez somos más plastas porque cada vez somos más carrozas.

*Abogado

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