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Diario Córdoba

Enrique Benítez

MUNDO DIGITAL

Enrique Benítez

Crónica de una estafa digital

Una señora mayor recibe un mensaje por whatsapp. Es un número que no tiene fichado, pero se dirige a ella con un aire familiar: «Hola, mamá». Ella contesta y pregunta si es una de sus hijas, con su nombre. El estafador interactúa, es un engaño en tiempo real. A la falsa hija se le ha roto el móvil, y necesita que su madre haga por ella dos transferencias urgentes, a un extraño destinatario, por importe de casi 900 euros cada una. La señora mayor pica el anzuelo, se viste y se dispone a ir al cajero automático para hacer lo que le piden.

Por suerte, a veces existe la providencia. Otro de sus hijos está con ella en ese momento, una cálida tarde veraniega de agosto. Le sorprende lo que ocurre, y en cuanto pregunta sabe que se trata de una estafa. La señora mayor tiene más de 90 años, aunque es autónoma y disfruta de una salud excelente. Cuando descubre que ha estado a punto de caer en una trampa se desconsuela, llora, se siente torpe y vulnerable. Es algo que podría pasarle a cualquiera. Demasiadas personas mayores viven en este país a merced de una delincuencia que trata de robar (en persona o digitalmente) a quienes menos pueden defenderse.

En España es el Incibe el organismo que se encarga de proteger la seguridad informática de particulares y empresas. Este fraude había sido detectado ya en abril, y se le había dado difusión preventiva a través de la página web del organismo. Sin embargo, en la familia que casi se convierte en una víctima más, nadie sabía nada. Los informes oficiales afirman que en España se cometieron más de 305.000 delitos informáticos en 2021, una cifra que no para de crecer cada año. Hay que prestar mucha más atención a esto.

La estafa no se ha consumado, así que la policía nacional no anima a que se ponga la correspondiente denuncia. Sin delito, no hay nada que investigar. Sería quizás interesante que los medios de comunicación, sobre todo los públicos (televisiones y radios estatales y autonómicas) dedicaran un cierto espacio de tiempo, en los informativos, a alertar (que no alarmar) a la población sobre estas estafas bien detectadas por el Incibe o el Centro Criptológico Nacional.

De poco sirve contar con excelentes profesionales dedicados a perseguir la criminalidad informática si las posibles víctimas no están al tanto de lo que ocurre. Un buen servicio público debe ser integral, eficaz y efectivo. Esta historia, real, tuvo un final feliz. Otras muchas no lo han tenido, muchas más no lo van a tener.

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