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Diario Córdoba

manolo fernández

FORO ROMANO

Manuel Fernández

Saliva en las orejas

Cada septiembre comienzan los cursos escolares, ese milagro social que convoca a los niños a la vida en los patios de recreo

Un profesor pasa lista ante sus alumnos en la vuelta al cole en Córdoba. Manuel Murillo

Los grandes provocaban una pelea entre los chicos que nos desafiábamos a la fuerza mojando un dedo de la mano con saliva y tocando con él la oreja del adversario. Ese era el bullying en las escuelas de nuestro tiempo que afortunadamente olvidábamos cuando nos perdíamos por esos campos sin alambradas y, casi como salvajes, tumbábamos paredes hasta encontrar lagartos, que los matábamos a pedradas. Quizá la vida de los muchachos chicos la hayamos dulcificado cuando hemos llegado a mayores y consideremos, casi de forma categórica, que la patria es la infancia, el periodo más feliz de la vida del ser humano. Y puede que lo sea, que el tiempo se encarga de limar nuestras barrabasadas y pulir nuestras travesuras, chiquilladas y desatinos.

Sobre todo si miramos que cada septiembre siguen comenzando los cursos escolares, ese milagro social que convoca por esas fechas a todos los niños del mundo a seguir escenificando la vida en los patios de recreo, esos espacios donde la niñez sigue siendo protagonista desde los tiempos en que se inventó el saber, cuando el panta rei de Heráclito y el pensamiento de Platón, que fundó la Academia de Atenas a donde iba a aprender Aristóteles. Existe Putin y todo lo que representa, que el hombre puede ser un lobo para el hombre, esa doctrina de Hobbes que en su Leviatán dice que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra su prójimo, como cuando le mojábamos la oreja con saliva a nuestro adversario en la pandilla de niños. Pero, afortunadamente, sigue existiendo la educación escolar, la primera noticia de cada curso escolar, que llena el mundo de criaturas con necesidad de aprender a las que se les transmite la obligación de mantener la sabiduría. Y la felicidad. Ahora que se están acabando las noticias porque el ser humano, que a veces es muy raro, se inventa su propio periódico, que no tiene que comprar y edita en Twitter, Facebook, Instagram o wasap, dejando la profesión periodistica casi exclusivamente para el telediario y la prensa del corazón, ahora, digo, que estamos en el abandono del periodismo como profesión pagada, la primera noticia de cada septiembre sigue siendo el comienzo del curso escolar, ese milagro que, sin saberlo, construye la humanidad cada año. Y que se compone de verbos, redacciones, recreos, exámenes, mentirijillas, acosos a compañeros, aprendizaje, juegos, peleas, amaneceres, amistades y descubrimientos.

Afortunadamente, la escuela (establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria porque el colegio es, sobre todo, una corporación de personas de una misma profesión) queda grabada en nuestra mente para toda la vida porque ahí te ponen el primer mote y un día hasta descubriste que la felicidad puede estar también, además de en el juego, en haberte aprendido de memoria las conjugaciones. Cuando Ignacio pintaba los evangelios en la pizarra todos los sábados, antes de ir a Doctrina a la iglesia, sólo sabíamos que Dios eran unos ojos y unas barbas encerrados en un triángulo y que si nos portábamos mal iríamos al infierno. Quizá era la pesadilla de la infancia: el miedo contInuo al fuego eterno, que el cura de Villanueva del Duque tenía escenificado en dibujos en su iglesia donde dos jóvenes ardían condenados por haber bailado. Afortunadamente también aprendimos a apagar tanto imaginado fuego eterno, que era imposible aprender los verbos al vivir entre tanta llama. La vuelta a la escuela, que vivo cada septiembre como el mayor milagro de la humanidad, es ese momento en el que el ser humano recupera su natural bondad, olvida las teorías del Leviatán de Hobbes, el bullying o acoso escolar y la saliva en la oreja del adversario, e inaugura el curso escolar con el profesor de gimnasia y sus alumnos jugando a la comba… una cuerda gruesa y muchas ganas de saltar.

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