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Diario Córdoba

María Jesús Monedero

VELA ENCENDIDA

María Jesús Monedero

Lecturas de verano

Recuerdo la sentencia histórica que condenó a Shell por los vertidos en el Delta del Níger

Impulsada por los acontecimientos, este verano decidí leer ‘Hijos de la Medianoche’, de Salman Rushdie. El libro es complejo y no es mi intención aquí comentarlo pero quiero citar un párrafo que me llevó, como en el juego de la Oca, a otras lecturas y reflexiones.

«Cuando ella entra en esas callejas donde la pobreza corroe el alquitrán como una sequía, algo nuevo empieza a invadirla. Bajo la presión de esas calles pierde sus ‘ojos de ciudad’. Cuando se tienen ojos de ciudad no se ve a la gente invisible, no os chocan los hombres con elefantiasis ni los mendigos en carritos de inválido ¡esos chicos tan guapos con los dientes negros! Tullidos por todas partes, mutilados por padres amorosos para garantizarles unos ingresos vitalicios de la mendicidad» (p.100). De Oca a Oca me fui a otra novela, ‘El callejón de los milagros’ (1947), de Naguib Mahfuz. Recuerdo la impresión que me produjo la imagen de esos tullidos voluntarios (?) que prefieren sacrificar una parte de su cuerpo con tal de encontrar un medio de subsistencia. El azar me puso delante una fotografía de niños y niñas sirios haciendo cola para la escuela: la mayoría habían perdido alguna parte de su cuerpo, y no voluntariamente.

Estas lecturas y recuerdos se intercalaban con la pesadilla de oír, un día sí y otro también, nuestro «drama» por subir el aire acondicionado, apagar luces, bajar, en un futuro, la calefacción. 26 grados, 21, 25, 28. Y, de fondo, Medgaz, Midcat, Gazprom. Argelia, Rusia. Esos lugares desde donde recibimos el gas tan preciado ¿qué nivel de consumo energético tienen? Consulté un mapa de África para ver las dimensiones del gasoducto que nos abastece. Viene de muy abajo. En ningún lugar he encontrado la información que buscaba. Pero, de Oca a Oca, aterricé en Nigeria. Recuerdo la charla del representante de un pueblo de pescadores (en 2010) arruinados por la luz de los pozos de petróleo, que espantaba a los peces. Recuerdo la sentencia histórica que condenó a Shell por los vertidos en el Delta del Níger. Recuerdo, y sé, que los habitantes de la zona no disponen de energía barata y fácil. En África se dice que si una familia cuenta con energía eléctrica en casa, tiene un tesoro (Anesvad). Según la OMS, uno de cada cuatro centros de salud no tiene luz.

¿Creéis que me estoy yendo un poco lejos? Vamos a acercarnos. «No tener suministro eléctrico es como pasar las noches de invierno a la intemperie y las olas de calor sin protección. No podemos mirar hacia otro lado». Hablamos de La Cañada Real. En la página web de Amnistía España podemos firmar para que haya luz y contratos. 

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