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Rosa Luque

ENTRE VISILLOS

Rosa Luque

Cumpleaños infeliz

La amarga tarta de Izan reaviva la solidaridad contra el acoso escolar

Hace ya tiempo que se habla del acoso escolar como una abrumadora fuente de tormento que sacude a los niños y adolescentes que lo sufren, más de dos millones de menores en este país, alumnos de los últimos cursos de Primaria y en secundaria, según datos recientes. Y ello sin que protocolos y planes de convivencia en los centros educativos acaben de dar resultados, porque lo cierto es que el fenómeno lacerante del ‘bullying’ sigue cobrándose curso tras curso víctimas inocentes. La mayoría de las veces en silencio, y con muchos testigos presenciales mirando para otro lado, otros niños -los buenos, los que no insultan ni agreden a nadie- que intuyen desde temprana edad que permanecer callados es la mejor manera de no complicarse la vida, no sea que ellos sean los siguientes. De modo que los matones y sus palmeros -ningún gallito es nadie sin una corte de gallinas cacareantes-, con el campo libre, siguen haciendo de las suyas. Y mientras, el o la mártir de sus fechorías lo ocultan por el bochorno de sentirse débiles o incluso por temor a la respuesta de profesores y padres, que puedan creerlos fantasiosos o paranoicos, por no hablar ya del terror a futuras represalias de los chuletas de la clase. Pero por suerte no siempre es así; a veces trascienden los casos, y la sociedad reacciona.

Es lo que está sucediendo con el acoso al niño Izan en un colegio de Lloseta (Mallorca), dado a conocer urbi et orbi por su hermano Marcos en Instagram, donde colgó un vídeo grabado por los acosadores que los deja con las vergüenzas al aire. En él se ve al chaval el día que cumplía 11 años sentado cabizbajo y lloroso en el patio de la escuela poco después de que se hubiera presentado en ella, donde participaba en un curso de verano, con una tarta para celebrar con toda la ilusión del mundo la fiesta junto a sus compañeros. Para corresponder al detalle, algunos de ellos decidieron hacerle un regalito consistente en cantarle el «Cumpleaños feliz» pero cambiando la letra por «Mierda gordo pa ti» y añadiendo piropos como foca y gordo a la vez que inmortalizaban el momento en el móvil para redondear la hazaña. Y en verdad que lo han conseguido, porque a través de las redes sociales, que también tienen su corazoncito, actores, cantantes, deportistas y numerosos ciudadanos sin nombre famoso nada más tener noticia de la faena empezaron a lanzar mensajes de apoyo a la víctima y de rechazo a sus verdugos, recogidos por todos los medios de comunicación españoles.

Varias consecuencias se han derivado de lo sucedido, aparte del conocimiento generalizado de la gesta de los matones, a los que es de esperar que sus padres se atrevan a cantarles las cuarenta sin miedo a traumatizarlos. Una de ellas ha sido la respuesta del colegio, que al verse señalado como marco de un acoso que, según el hermano del menor, llevaba tiempo produciéndose, se defendió primero señalando que la cosa no iba con el centro sino en todo caso con la empresa encargada de las actividades estivales, y luego amenazando con denunciar al denunciante, cosa de la que al final ha desistido, pensando quizá que hay cuestiones que cuanto antes se zanjen mejor. Pero sin duda lo mejor ha sido la reacción del propio Izan, que de llegar a su casa diciendo que se quería morir ha pasado a protagonizar otra grabación en la que da las gracias por todas las muestras de respaldo recibidas, que le han «subido mucho la moral y la felicidad», a la vez que anima a otras víctimas del ‘bullying’ «a pasar de eso». Un final feliz y con moraleja, a saber, que nunca hay que callarse porque en el silencio del agredido -sea un colegial, una mujer maltratada o cualquier víctima de vejación-, está la fuerza del agresor.

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