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Diario Córdoba

Jose Manuel CuencaToribio

HISTORIA EN EL TIEMPO

José Manuel Cuenca Toribio

Un centenario para el recuerdo (y 2)

‘Los Lunes de El Imparcial’ constituyó una alhaja refulgente de la literatura española

Hasta fechas no demasiado lejanas (circa 1990-2000) formaba parte de la cultura del público ilustrado de nuestro país el conocimiento de que el suplemento Los Lunes de El Imparcial constituyó una alhaja refulgente de la literatura española del último periodo de la Restauración canovista. No por casualidad precisamente, sino por tajante decisión de D. José Ortega Munilla, en sus cotizadas páginas velaría sus primeras armas en el asendereado e imantador oficio de escribir parte muy considerable de los, tiempo adelante, muy famosos miembros de la no menos relevante Generación de 1898. A un siglo de distancia cabe afirmar, sin temor a ser desmentidos, que ninguna otra publicación de su género alcanzaría en el solar hispano altura semejante, pese a sus muchos imitadores a lo largo de tan dilatado espacio. La preocupación por el correcto uso de la lengua española, convertida a menudo en auténtica obsesión por su empleo y destino, añade un elemento más de gran trascendencia para la estimación y valor actual de su figura. Sin tal devoción por la escritura de tenor y ejemplo cervantinos es difícil calibrar el cultivo insuperable de la lengua española por el artífice sinigual en su uso en el viejo y el nuevo continente, su hijo José, a cuya riqueza y magnificencia de su nacarada e iridiscente prosa pagaron tributo de rendida admiración amigos y enemigos.

El capítulo final del gran español que fuera el autor ahora glosado resulta particularmente actual desde la perspectiva de su centenario. Por reyertas familiares con sus cuñados los Gasset, miembros gerenciales de El Imparcial, Ortega y Munilla dejó la dirección poco antes de su muerte. Sus rivales más caracterizados, La Vanguardia barcelonesa y el ABC madrileño (-el único existente por entonces, según se recordará-), acogieron con zalagarda sus postreros artículos, de rara perfección estilística e imantador intimismo. Lección de liberalidad extrema fue la relación establecida hacía años y ahora acrecentada entre D. Torcuato Luca de Tena y el director del rival más notable de su diario. Amistad o trato tan estrecho en la cumbre mediática no eran, desde luego, espectáculo o actitud normales entre los adalides o responsables de la prensa más reputada e influyente de una época atravesada por antagonismos y enfrentamientos ideológicos de muy destacada envergadura. La primera dictadura militar del Novecientos español se recortaba ya en el horizonte próximo. El espesor y densidad de la cultura liberal-conservadora, dominante en el pensamiento y la convivencia ciudadana y, sobre todo, en la elitista, determinarían, sin embargo, que el septenado primorriverista no registrase en su balance ninguna víctima mortal en la actuación política. Por híspidas y radicales que fuesen las catilinarias antidictatoriales de D. José Ortega y Gasset en los días de la «Dictablanda» berenguiana y de los inicios de la II República, no pudieron lamentar, por fortuna, ninguna víctima humana.

Afrontados ya al recuerdo instructivo y aleccionador del primer centenario de la Dictadura no cabe olvidar tal hecho, pero sobre todo el de la relación de compañerismo y amistad entre los próceres mediáticos de la época, tan diferente en ello de la nuestra hiper-mercantilizada y cicatera con las actitudes y valores enriquecedores de la convivencia.

* Catedrático

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