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Diario Córdoba

Miguel Aguilar

LA VIDA POR ESRITO

Miguel Aguilar

Somos agua

No es de extrañar que las observaciones espaciales estén detectando más lugares donde hay agua

El agua, formada por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, es una de las moléculas más sencillas, y el hidrógeno es el elemento más abundante del universo conocido; por eso no es de extrañar que las observaciones espaciales estén detectando cada vez más lugares donde hay agua, ya sea en estado líquido, formando grandes masas de lagos y océanos, en forma de bloques de hielo o atrapada en la sutil estructura química de minerales y rocas. Pero... ¿de dónde proviene todo el agua del universo?

Si admitimos como válida la teoría del Big Bang, se entiende que el hidrógeno fue el primer átomo que se formó, aunque llevó más de 300.000 años que ese universo primigenio se enfriara lo suficiente como para que algunos electrones libres empezaran a emparejarse con protones para generar el átomo de hidrógeno, que está formado por un protón y un electrón. El oxígeno ya es un átomo bastante más complejo (contiene 8 protones, entre 8 y 10 neutrones, y 8 electrones) y para su aparición habría que esperar a que las nubes de hidrógeno se condensaran y se formaran la primeras estrellas, cientos de millones de años tras el Big Bang. El oxígeno, igual que los demás átomos más pesados, se forma en el interior de una estrella, como producto de la fusión nuclear, y es liberado al espacio interestelar cuando la estrella muere en un estallido de supernova. En las nubes interestelares de gas y polvo, después de las primeras explosiones, el hidrógeno y el oxígeno empezaron a encontrarse y reaccionar químicamente para generar agua. En el espacio, el agua, en función de la temperatura y la presión, puede encontrarse en forma de gas o como hielo mezclado con el resto de polvo y rocas.

Tras el nacimiento de nuestro Sol hace más de 4600 millones de años, el agua ya estaba ahí formando parte de la nube de gas, polvo y rocas que lo rodeaba. Por eso, según la teoría más aceptada en la actualidad, la mayor parte del agua que tenemos en la Tierra ya era parte de ella desde su origen. Esa masa caótica inicial fue colapsando, ca-lentándose y fundiéndose. Y luego el hierro, níquel y demás materiales densos se concentraron en el núcleo, mientras los más ligeros, como los silicatos ricos en agua, formaron el manto, del que el agua iría escapando hasta llegar a la corteza y terminar formando una costra de hielo, un inmenso océano o una atmósfera rica en vapor de agua, según las condiciones del planeta.

Durante los 4500 millones de años de historia de la Tierra, un incesante bombar-deo de meteoritos y cometas también ha traído algo de agua atrapada en estos cuerpos llegados del espacio. Pero la mayor parte ya estaba aquí. Y aquí sigue, circulando de un lado para otro, cambiando de estado, entre sólido, líquido y gaseoso, uniéndose y liberándose de minerales y rocas, y también formando parte sustancial de la materia viva.

El agua es imprescindible y está íntimamente ligada al fenómeno de la vida. Tanto lo está, que el hallazgo de agua en planetas y satélites de nuestro entorno, y en otros mundos fuera del Sistema Solar, está aumentando las expectativas de encontrar vida extraterrestre y de hallar un hogar alternativo para nuestra civilización. A pesar de su ubicuidad en el Universo, sin embargo, aquí en la Tierra, la explosión demográfica y el aumento del consumo, unidos a una mala gestión, han hecho del agua un bien escaso, vulnerable y cotizado. Igual que ocurre con la energía o con los recursos humanos, nuestro problema no es que haya más o menos agua sino el desarrollo de una tecnología y un sistema de gestión que nos permitan su uso con garantías.

Igual que el agua atraviesa y une la vida como un fenómeno único e integrado, también deberíamos ver el agua como un vehículo que atraviesa, integra y cohesiona nuestra civilización. Es una pena que sigamos despistados con la obsesión de la raza, la nación o el estado. La lluvia no entiende de eso. El agua seguirá su curso natural y sus ciclos. Más nos valdría conocerla bien, aprender de sus propiedades y su comportamiento, para desarrollarnos a partir de ello. Somos agua.

* Profesor de la UCO

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