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Diario Córdoba

Miguel Santiago Losada

Blas Infante, asignatura pendiente

El autor de ‘El ideal andaluz’ llevaba a Córdoba en su corazón y vino en muchas ocasiones

Nació en el seno de una familia acomodada el 5 de julio de 1885 en Casares (Málaga) hace 137 años. En solo dos años consiguió la licenciatura en Derecho por la Universidad de Granada, notario de profesión y andalucista de corazón. Soñó con una Iberia Republicana y Federal, siendo Andalucía una de sus naciones. Como ensayista su obra más recordada y valorada fue el ‘Ideal Andaluz’ (1915), un estudio exhaustivo sobre las duras realidades vividas por el pueblo andaluz, a las que denominó los dolores de Andalucía. En ‘El Ideal Andaluz’ Infante pretendía fomentar la confianza al pueblo andaluz en sus posibilidades de progreso y despertar su patriotismo frente a las injusticias, reclamaba una educación universal y trataba el problema, de larga raigambre histórica, del reparto de la tierra en la Andalucía latifundista, pobre y analfabeta. Blas Infante no pretendía ser un político de partido, tampoco un intelectual burgués de espaldas a la dura realidad de su pueblo. El reclamo de un pueblo que gritaba ¡Viva Andalucía libre! llevaría a Blas Infante a patear sus pueblos y ciudades, conocer los dolores de sus gentes y apostar por ellas, desde una apuesta por la justicia y la libertad, para romper las cadenas que postraban a esta bendita tierra bajo el yugo de los latifundistas y terratenientes.

Al fascismo no le interesaba una persona comprometida con su pueblo más vulnerable y excluido, y con una memoria histórica que rescataba a Andalucía de la postración y del maltrato de cenicienta sometida continuamente por una colonización centralista que le negaba su esencia histórica y su dignidad social. El fascismo dictó su pena de muerte el 10 de agosto de 1936. Pocos días antes de haber mandado a Lorca al paredón y a la cuneta en Viznar. Para vergüenza de nuestra democracia, los dos siguen desaparecidos mientras «descansan» los restos, en una famosa basílica sevillana, del que los mandó aniquilar, Queipo de Llano.

El Ayuntamiento de Córdoba aprobó dedicarle un busto hace más de tres años en la plaza de Andalucía, donde ondea la bandera blanca y verde. Mientras los rincones de Córdoba ven florecer otras estatuas, también representativas de nuestra historia e idiosincrasia, el padre de la patria andaluza sigue sin tener ese monumento que haga memoria de su hacer y recuerdo de su proceder. Blas Infante llevaba a Córdoba en su corazón. Vino en muchas ocasiones, destacando tres momentos decisivos para el andalucismo, el Manifiesto de Córdoba, enero de 1919, denominado de la Nacionalidad. La Asamblea Regionalista de Córdoba, celebrada a finales de marzo del mismo año, refrendaba el Manifiesto de Córdoba y supondría la adopción definitiva de posturas obreristas y el paso determinante del regionalismo al nacionalismo. Por último, tuvo lugar la Asamblea de Córdoba de finales de enero de 1933, cuyo fin primordial era elaborar y aprobar, en su caso, el esperado proyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía, Estatuto que se sometería a consulta popular y posteriormente se elevaría a las Cortes en septiembre de 1936, abortado por el Golpe de Estado del 18 de julio.

Como dijo Infante «se mata un hombre, pero no se puede matar una idea». Ojalá Córdoba vea pronto hecha realidad la estatua dedicada a Blas Infante. Mientras, hay una esperanza renovada en el movimiento cultural y juvenil que va surgiendo por todos los rincones de Andalucía, en torno a los ideales del padre de la patria andaluza. Ello está contribuyendo a conformar una Andalucía con más conciencia de pueblo, en aras de alcanzar una mayor identidad, igualdad y justicia social.

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