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Diario Córdoba

Casiana Muñoz Tuñón

APRENDER PARA CONTAR

Casiana Muñoz Tuñón

Qué necesidad tenía de escribir sobre Galdós

Mi intuición es que a Mario Vargas Llosa no le cae bien el gran escritor realista español

Estoy leyendo un libro que me tiene muy molesta. Se trata de ‘La mirada quieta’, escrito por Vargas Llosa, en el que analiza y critica la obra de Pérez Galdós. Realmente no acierto a entender por qué lo ha escrito. No sé qué pretende. No es un libro amable con Galdós. De hecho, como alguna vez excepcionalmente pasa con novelistas que no quieren a su protagonista, en este caso mi intuición es que a Vargas Llosa no le cae bien Galdós. Además, su crítica se basa en mostrar su erudición de Premio Nobel. Intenta usar a Galdós para mostrar su sapiencia. Hasta cuando lo alaba, lo hace de modo condescendiente. Huelga decir que soy gran admiradora de don Benito. Me encanta cómo escribe. Me declaro descaradamente subjetiva y además una simple aficionada a la literatura. También debo confesar que la obra de Vargas Llosa en general me parece excelente. No teniendo nada que ver con Galdós, él también es parte de mis escritores de cabecera. Volviendo al libro en cuestión; se trata de un compendio de notas sobre la obra de Galdós que tiene el indudable valor de ser muy prolijo. Creo que quizás durante el confinamiento Mario Vargas Llosa leyó o seguramente releyó toda la obra de Galdós, desde sus primeras novelas hasta las últimas pasando por el teatro y los episodios nacionales. Me centro únicamente en su análisis de las novelas. A partir de sus notas o con un compendio de sus notas, estructura el libro en capítulos cada uno dedicado a una obra. A muchas de las novelas las clasifica como la peor --todas no pueden ser la peor o estar entre las peores, digo yo--. Y de todas las novelas (28) creo que solo se queda con cuatro que dice son las mejores, aunque siempre con un «pero» y una alabanza en todos los casos con un tono paternalista. Recuerda a un profesor que está corrigiendo el texto de su alumno. No sé bien por qué Mario Vargas Llosa considera que tiene esa potestad. Y sin querer en absoluto caer en lo mismo, me planteo además lo difícil que es criticar sin ser criticable. Vargas es un escritor soberbio, soberbio en el buen y mal sentido de la palabra; es extraordinariamente bueno, aunque su inteligencia y maestría no consiguen disimular su claro sentido de ser superior. El calificativo «novelita menor» que usa frecuentemente delata su posición de superioridad y además frecuentemente pone en evidencia su fascinación por la literatura francesa del siglo XIX a la que da una supremacía clara frente a otras, las de lengua castellana en particular. Me sorprende ese enamoramiento de Vargas Llosa con Zola o Flaubert. Ya sabía algo de ello --todo el mundo tiene derecho a enamorarse y a tener sesgos en sus opiniones--, pero, como Vargas Llosa es un gran escritor, no es que solamente diga que le gustan, él los da como referentes. ¡Qué responsabilidad! Vuelvo a lo nuestro, algo positivo del libro es que da una guía de lectura para los que no hayan leído nada de Galdós. En cada capítulo hace una sinopsis de la obra intentando de alguna manera describir a los personajes y relatar lo que pasa. Creo que nos ahorra la lectura de la contraportada de las muchas ediciones de la amplia obra de Don Benito; insisto además que tiene el mérito de haberlo leído o releído todo y describir de qué van con un lenguaje accesible. Mi «pero» es que la descripción no es neutra y ahí su crítica es dominante y por eso me pregunto, qué necesidad tiene de escribir sobre otro escritor al que no valora y tampoco aprecia. De haber vivido a principios del siglo pasado, seguramente Vargas Llosa se habría unido a la lista de los que escribieron a la academia pidiendo que no le concedieran el nobel. Qué despropósito.

Salva solo cuatro novelas, ‘Fortunata y Jacinta’, ‘Torquemada en la hoguera’, ‘Misericordia’ y ‘Tristana’. A esta última le da el piropo de ser mejor que la película de Buñuel, pero ahora no estoy segura de que sea piropo o quizás es que Buñuel le cayera aún menos bien que Galdós. En resumen, estoy molesta. No me parece correcto lo que ha escrito. Lo hace con superioridad y ninguna empatía ni aprecio a Galdós, que además ya está en otro mundo. Qué necesidad tenía Vargas Llosa de escribir algo así. Y como apunte final, el libro es un compendio de notas que, siguiendo lo que el escritor critica al propio Galdós, del que dice no le gusta releer ni corregir sus escritos, esta obra, ‘La mirada quieta’, no parece que haya tenido una segunda lectura por el autor. Se repiten expresiones, párrafos y es poco precisa en sus calificativos; en fin, lo siento, don Mario porque a usted lo valoro mucho también y con este libro me ha decepcionado.

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