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Diario Córdoba

Joaquín Pérez Azaústre

La corrupción

Cuánto cuesta ganarse cada euro. Cuánto te cuesta a ti. A tu padre, a tu madre o a tu hermano. Cuánto cuesta a tus hijos. Cuántos hijos de padres que se han tenido que ir a otros países para poder ganar un salario mínimamente digno. Cuántos lo han intentado y no han podido irse. Eso es lo que tenemos que pensar cada vez que pensemos en el ‘caso ERE’. No en la bonhomía de Manuel Chaves ni en la calidad humana de José Antonio Griñán. Como no se conoce todavía la fundamentación de la sentencia, tenemos que aplicar a todo esto la plantilla moral de un razonamiento. Penalmente, en muchas ocasiones, tan responsable --o más-- de lo que ocurre es quien deja hacer a los que hacen. Ya se está preparando el indulto gubernamental, cuando el presidente Sánchez ha aportado, como gran argumento exculpatorio, que ninguno de los dos se ha llevado ni un céntimo de euro.

En fin, ya conoceremos la sentencia, pero en nuestro Código penal existe la figura del cooperador necesario. O de la comisión por omisión. Y esto vale también en la gestión de los caudales públicos. Yo no sé si son o no culpables y no he podido leer los fundamentos de la sentencia, pero aquí no estamos para hablar de lo buena gente que es Manolo Chaves, ni de si ese procedimiento de los ERE fue aprobado por el parlamento andaluz; sino de la ejecución de ese modelo, de cómo se gastó una cantidad indecente de dinero, más allá de los escándalos más o menos sensacionalistas de bares de carretera y nieve blanca. Aquí, como en los casos de corrupción que se han conocido del PP o en la causa que comienza contra Laura Borrás en Cataluña, estamos con la legalidad o con la desvergüenza. Estamos con la autoridad honesta o con el dejar pasar. Y el enriquecimiento puede ser indirecto: si el sistema favorece tu continuidad en el poder, y el de tu entorno, claro que te estás enriqueciendo --no como la saca de Pujol--, sino de una manera más sutil. Y aquí la gente, mientras, peleando por cada bocanada de aire.

* Escritor

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