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Diario Córdoba

Marcos Santiago Cortés

El peor nazismo

El peor nazismo no es el que escriben personas estudiadas sino el que muchos seres humanos tienen escondido en el alma y sacan cuando una oportunidad de carácter social lo permite bajo el disfraz de la búsqueda rápida de justicia y la coraza de la indignación. Estos días hemos visto un auténtico complot de nazismo en un pueblo de Jaén llamado Peal de Becerro contra sus propios paisanos... pero de etnia gitana. Aquí, los pueblerinos y sobre todo una familia, ha visto como por una cuestión estúpida como es la entrada o salida de un pub, un chico de 20 años, presuntamente ha matado a un joven portero. De entrada, a falta de que se depuren las circunstancias en las que se ha producido, el hecho es tristísimo además de despreciable. Seguramente, la justicia determinará el tipo delictivo, si es homicidio o asesinato, si hay circunstancias agravantes o atenuantes y al final, la justicia caerá sobre el autor. El hecho como digo es terrible, sobre todo para los pobres padres del fallecido. Pero en todo caso, la justicia institucional deber ser proporcional. Porque cuando la justicia es privada siempre es desproporcionada. Y no lo digo porque al autor le caigan más años, sino porque en el celo vengativo de la iniciativa privada, siempre pagan como autoras personas ajenas al delito. En Peal de Becerro, la indignación popular ha ejercido de justiciera y cuando eso pasa, algo raro hay ahí. Resultado: familiares del presunto autor en exilio, cinco casas destrozadas y dos quemadas, además de vehículos reventados por la gente ante la pasividad policial en clarísimo ejercicio de cobardía, complicidad o lo que es peor, indiferencia; porque el achaque de la permisividad para evitar males mayores es una hipocresía astronómica que esconde la clasificación cualitativa de la ciudadanía en un orden de prelación de protección con criterios expresamente prohibidos en el artículo 14 de la Constitución. Un uniforme policial es lo más respetable de la sociedad. No usarlo cuando se tiene la obligación de hacerlo es pura corrupción. Pero lo más triste, es que el alcalde de Peal de Becerro -de izquierdas para más inri- sale en las redes con un mensaje de pésame a la familia del fallecido y solicitando a los manifestantes que se manifiesten masivamente, pero sin la violencia que se ha visto con la quema de hogares y vehículos. Así queda como dios para la mayoría de sus votantes. Pero este señor - que permitió y alentó la manifestación que derivó en violencia- también establece un orden de prelación en la representación ciudadana porque en su mensaje no dedica ni una sola palabra de comprensión hacia los familiares gitanos del presunto autor del delito que huyeron del pueblo «por petición popular» pero sobre todo por miedo al atavismo sufrido. Además, incluso en los manifestantes que se suponen no violentos, el alcalde permite la pancarta de «asesinos fuera del pueblo» cuando el presunto autor ya estaba en prisión, permitiendo por tanto que la gente llame asesinos a los que no habían asesinado a nadie. Señor alcalde no critique usted a la extrema derecha porque como he dicho al principio, el nazismo más claro no es el que se escribe, sino que se ejerce y además con la asquerosa convicción de estar haciendo lo correcto.

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