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Diario Córdoba

María Olmo

Sin tinta

María Olmo

Moreno, de la escalinata con Manuela al andalucismo

Seamos sinceras. La que sea capaz de bajar unas escaleras vestida formalmente (sandalias de tacón no solo alto sino de aguja incluidas, que yo las vi, y vestido de Antonio García, según Vanity Fair) de la mano de su pareja y bajo el terrorífico enfoque de las cámaras sin incurrir en tropezones, torceduras de tobillo, desvíos de trayectoria y cara de pánico, que tire la primera piedra. Esto, por encima de otras consideraciones, hay que valorarlo. Manuela Villena, la esposa del reelegido presidente andaluz, Juanma Moreno, lo hizo. Y le salió bien. Su esposo tiene menos mérito, pues lleva más de tres años bajando las escaleras del antiguo hospital de las Cinco Llagas en todas las sesiones plenarias del Parlamento de Andalucía, flanqueado por la secretaria general del PP-A, Loles López, y el ya exportavoz parlamentario de los populares, el cordobés José Antonio Nieto. En las citas mensuales de la anterior legislatura, como mínimo una foto o un vídeo recogía el descenso de este trío a los infiernos del control parlamentario, y tanta repetición da seguridad. O sea, y sin querer restar méritos, que el máster de descenso de la escalinata lo tiene ya cursado el presidente andaluz.

Juanma Moreno y Manuela Villena, el 23 de julio en el palacio de San Telmo. Julio Muñoz/Efe

Una cosa es hacer bien este paseíllo tipo norteamericano, por primera o por enésima vez, y otra sentirse a gusto. La señora Villena, madre de los tres chiquillos del presidente andaluz, bajó con su elegancia acostumbrada, pero cara de disfrutar, lo que se dice estar en las glorias, no tenía. Se la veía incómoda, pero fue un momento y ya pasó. Como no la conozco y tampoco soy experta, no sé si interpreto correctamente el lenguaje gestual, pero esa es la impresión que daba. Es difícil saber cuál ha sido la mente pensante del diseño de la ceremonia de toma de posesión del presidente de la Junta de Andalucía (y cuántos ensayos se han hecho), pero por la expresión de su esposa “en bajando” se diría que no ha sido ella. De Villena dijo Moreno que son muchas las regañinas por sus errores políticos o lo que sea, y ese comentario, que tampoco le habrá hecho gracia a ella, fue también un agradecimiento del dirigente popular a una mujer que no solo es bella y queda estupendamente en las imágenes tipo Kennedy de la toma de posesión, sino que tiene un buen currículo y una cabeza privilegiada, número 1 de su promoción de Ciencias Políticas y profesional de éxito. La politóloga le canta los errores al político a la hora de la cena, y ese privilegio no lo tiene cualquiera.

Como soy de buen conformar, no me sumo plenamente a las críticas que se han hecho de esta ceremonia de toma de posesión, si bien lo moderno a veces resulta anticuado. Es verdad que se ha hecho en el palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, y no en la sede parlamentaria. Es verdad que ha tenido sus momentos, como el de la escalinata. Es verdad que me da pánico que el presidente saque a sus chiquillos por la tele, tal y como está el mundo –aunque daba gusto verlos, refrescaron el ambiente- y es verdad que se le imprimió un ritmo televisivo en el que a Canal Sur se le olvido un poco enfocar a los que no eran del PP, e incluso a los peperos sin cargo en la villa y corte sevillana, de manera que me pasé el rato en la tele buscando a gente de Córdoba -Jesús Aguirre y Luis Planas estaban en el estrado- y apenas vi de espaldas a Isabel Ambrosio (PSOE) y a Antonio Repullo (PP). Pero, a estas alturas de los sufrimientos, también pienso que Juanma Moreno podía permitirse un día de euforia, de entusiasmo y alegría, de quedar bien con su jefe Feijóo y sus colegas del PP, pues lo que se avecina no es excesivamente halagüeño. 

En fin, que ya pasó, con sus fastos y sus glorias. Queda de bueno el mensaje andalucista del presidente andaluz, que tanto ha indignado a las izquierdas. ¿Un andalucismo sobrevenido? ¿Hemos pasado de la puesta en escena a la seriedad de los compromisos políticos? Pues qué quieren que les diga, un “nuevo orgullo andaluz” que vino a decir Juanma Moreno no parece mala idea tal y como están los ánimos. Si Moreno reconoce que su mayoría absoluta ha sido en parte “prestada” por electores de otras fuerzas políticas, y el PP ha percibido que la sociedad andaluza está harta de tópicos y desprecios y quiere sentirse con fuerzas para marcar su camino, marcando territorio en el ámbito nacional, más vale así. Más o menos sincero, más o menos convencido, el mensaje interesa. Y, como pasa con el feminismo, el andalucismo no debe ser propiedad de nadie -aunque la coherencia y los principios sí son obligados-, y les ruego que me perdonen.

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