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Diario Córdoba

Miguel Donate Salcedo

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Miguel Donate Salcedo

Cantera

Es imposible dar un premio sin dejarse a alguien atrás

Hace una semana larga se entregaron los Premios Cantera, una idea sensacional de este periódico para premiar el deporte base. Es imposible dar un premio sin dejarse a alguien atrás, por lo mismo por lo que se aprueban las oposiciones sin plaza o se suspende con un 4,99: en algún momento hay que decir «hasta aquí», y hasta aquí son 12 premiados. Enhorabuena. Hay que ser gente muy dura. Voy a utilizar la columna, no obstante, para reivindicar a algunos deportistas que perfectamente podrían estar ahí, pero tienen un deporte que siempre se olvida al hablar de deporte, aunque tenga unos miles de años. Vamos a pasarle lista a la cantera del ajedrez.

Debo hacer una advertencia de justicia: es engañoso hablar de deporte base en ajedrez, o categoría formativa, porque la precocidad es muy superior a la de los otros deportes. Una chica de 13 o 14 años puede pasarlo muy mal para jugar al máximo nivel en fútbol o atletismo, pero con esa edad no tiene ningún problema para competir a un nivel muy fuerte en ajedrez. La extraña mezcla de estudio e instinto que hace al ajedrecista puede estancar el nivel de jugadores durante años, o acelerar el crecimiento y conseguir en meses lo que otros no adquieren en una vida entera. Hemos visto de cerca en Córdoba, por ejemplo, la explosión de Bernardo César Maestre, que hace un año más o menos obtuvo su título de Maestro Fide, tras casi plantarse en 2400 de elo. En perspectiva: con 16 o 17 años ya estaba entre los 100 mejores jugadores del país, nominalmente, y probablemente más arriba en términos reales. Acaba de quedarse segundo en el Campeonato de Andalucía sub-18, algo muy difícil porque hay en Andalucía muchas escuelas y mucha gente haciéndolo bien. Su hermano Eduardo, unos años más joven, está dando el salto de nivel ahora, y va cosechando buenos resultados dentro y fuera. Está jugando el campeonato de España sub-14 en este momento, después de haber jugado el sub-12 el año pasado con Laura Herrero y Elena Martín. Laura, por cierto, campeona de España sub-10 en su momento, y a medio punto del podio este año.

Es difícil el ajedrez de base, porque los jugadores juegan sus categorías y las absolutas. Esto requiere padres dispuestos a coser kilómetros y pasar su fin de semana estudiando el techo del hotel mientras ellos juegan. Requiere también tener la cabeza fría, porque uno es en la misma semana el número 1 de un torneo y el 100 de otro. El trabajo de estudio de los monitores es duro, porque tienen que estudiar ellos también, como si el entrenador de atletismo corriera los mismos kilómetros que el atleta. Están alumbrando --en Figureroa, en el Reina del Brillante, siempre abierto; en Fuensanta, por ejemplo-- una generación brillantísima de jugadores. No sé que se aprende en otros deportes, pero en ajedrez nos enseñan a ganar y a perder bien. También a pasar tiempo en hoteles. Pedro M. Navarro, mi entrenador, me enseñó hace más de veinte años algo que he aplicado mucho: «A los torneos no se viene a desayunar helado de fresa».

* Abogado

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