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Diario Córdoba

Jose Manuel CuencaToribio

HISTORIA EN EL TIEMPO

José Manuel Cuenca Toribio

Recuerdo de un soldado

La actuación de Agustín Muñoz-Grandes Galilea en el 23-F de 1981 fue crucial

D. Agustín Muñoz-Grandes Galilea (1935-2022), teniente general del Ejército de Tierra, encarnó de modo descollante el modelo de militar de nuestro tiempo, en el que la Milicia ha experimentado transformaciones sin comparación posible con las registradas en el seno de otras grandes instituciones de la nación. Educado en la postguerra española conforme a los cánones entonces reinantes y conforme, en ancha medida, a unas vigencias castrenses de notable poder modelador de valores y actitudes, su adaptación a unas Fuerzas Armadas guiadas exclusiva o muy primordialmente por los principios democráticos fue tan completa como entusiasta. Llegada la hora decisiva del 23-F de 1981 su actuación fue verdaderamente crucial como ayudante de campo de un Rey impactado por aquel magno envite. Al igual que en todas las guerras y conflictos de la edad contemporánea -recuérdese, ad exemplum, el inicio del desencadenamiento de la guerra de la Independencia o el inicio mismo de la contienda civil de 1936-, oficiales y jefes desempeñaron un papel primordial en la frustración del golpe de Estado. Su rol, en efecto, se evidenció determinante en la mayor parte de las guarniciones del país a la hora de neutralizar la postura más o menos proclive al pronunciamiento de una porción muy significativa del generalato. A la hora de entibiar ardores y fortalecer el principio monárquico y, paralelamente, reforzar la adhesión a la Corona de los cuadros más jóvenes de la Milicia, la incesable labor junto a Juan Carlos I de su ayudante de campo se descubrió ostensiblemente insuperable.

Su posterior e inquebrantable silencio ulterior respecto a una fecha que aún encierra incógnitas de notable calado, revelaría una vez más la dignidad de una personalidad educada por su padre en el culto al honor y la absoluta entrega a un oficio muy alejado de los idola theatri y el periodismo sensacionalista. En posesión de una hoja de servicios muy poco parangonable con la de otros camaradas de Armas de sobresalientes currículos, la alta tecnificación del arte de la guerra concitó en él una curiosidad insaciable, aunque no por ello, venturosamente, desatendió la vertiente humanista de su noble oficio. En la Real Academia de Ciencias Políticas, en la que ingresara en 2010, dejó hartas pruebas de su fuerte inclinación por los saberes doctrinales, en particular, los económicos que consideraba sustanciales en la formación de las jóvenes hornadas castrenses.

Según es comprensible, el recuerdo del egregio soldado se aviva en esta hora de la guerra de Ucrania. Como eco de una reverenciada herencia paterna, su conocimiento de la Rusia de Putin era muy peraltado, en especial, en el terreno armamentístico. A no dudar, tal faceta de su rica trayectoria profesional habría arrojado mucha luz y enriquecido la toma de posturas del público español, plausiblemente preocupado frente al curso de un conflicto que pautara indeleblemente la trayectoria del Viejo Continente, del que nuestro país debiera ser, ahora más nunca, actor muy destacado.

* Catedrático

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