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Diario Córdoba

Jose Manuel Ballesteros Pastor

La alianza humana

Una esperanza marca el camino de mi vida. Es mi luz de una alianza universal que constituya una comunidad donde viva todo lo que el sol ilumina cada día en su pasar sobre el planeta: seres humanos, animales, plantas, mares y paisajes. Un sueño en el que las únicas armas que defiendan y protejan esa alianza, sean las armas de la colaboración, del compartir, del rico ayuda al pobre, el sabio al torpe, el fuerte al débil, el joven al viejo, el adulto al niño, pues cada persona nace con el tesoro de una cualidad, el tesoro de su ser y sus capacidades. Por esto, sólo con el pensar de cada uno en los demás podemos desarrollarnos como humanos, ser de verdad felices y poseer todos los bienes de este mundo. Porque todos nos pertenecemos a todos y todos pertenecemos a la misma casa. Mi alianza es una alianza en la que cada cual aporte la riqueza que le ha regalado la vida, como depositario de ella y no como dueño. Una alianza basada sólo en el amor. Es la semilla definitiva que Cristo vino a poner en la historia de la humanidad; la conclusión de la obra creadora de Dios en el universo. No es mi utopía; es mi esperanza. El utópico no cree en lo que sueña. Su utopía sólo es una pose intelectual que siempre concluye diagnosticando lo imposible ahora y para siempre, y sonríe medio irónico, medio paternalista, medio prepotente, como por encima del bien y del mal, ante quien sí cree de verdad en algo y lo propugna y lo defiende. A éste, el utópico, desde su aparente seguridad, lo considera bisoño, infantil y hasta débil. Sin embargo, la esperanza es la fuerza indestructible del que sí cree de verdad en algo hasta el extremo de dar su vida por ello, no por un idealismo adolescente, sino por puro ejercicio de su convencimiento absoluto y su libertad. Porque el que posee la esperanza como motor de su vida no es un soñador, incauto y fantasioso, pues en su entrega a esa esperanza, ha asumido que lo más seguro es que no vea realizado su ideal, y morirá sin divisar la tierra prometida. Pero como cree de verdad, en un acto de madurez de la realidad en la que ha se mueve, ha decidido entregar su vida para conseguirlo. Sí, morirá sin ver la tierra prometida, pero su grandeza es esa semilla que deja sembrada en el mundo para que otros continúen con la esperanza.

 ** Escritor

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