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Diario Córdoba

Joaquín Pérez Azaústre

La democracia era esto

Lo primero que hay que hacer, una vez superada la primera digestión, es una autocrítica real

Siempre que te ganan de paliza hay un momento en que echas la culpa a los demás. Por ejemplo, en unas elecciones: si te dan un palizón, la tentación es echar la culpa a los otros. Porque no han jugado limpio, porque han usado no sé qué fondos y recursos de la Junta --como si tú no hubieras hecho eso mismo antes--, o porque, en definitiva, nos ha perjudicado, como diría Chavela Vargas, no sé qué cosa. Así, esto es como cuando un artista se baja del escenario: al principio, el manager siempre tiene la obligación de decirle no que lo ha hecho bien, sino que lo ha hecho muy bien. Porque baja con esa fiebre, con esa adrenalina todavía en las cuerdas vocales, en el rasgueo final de la guitarra, y no puedes bajarlo del escenario y darle, al mismo tiempo, el bajonazo de una crítica dura. Sin embargo, unos días después, cuando él te pregunta, tienes que decirle la verdad. Delicadamente o no, cada uno con su estilo. Pero se lo tienes que decir, porque no puedes dejarlo eternamente en la nube de su autocomplacencia. Pues después de una paliza como la que han recibido las fuerzas de izquierda en Andalucía, a pesar del enfoque digno y claro que ha dado Juan Espadas a su propio perfil, que casi parecía en choque permanente con los costalazos enconados de Adriana Lastra o Zapatero, lo primero que hay que hacer, una vez superada la primera digestión, es una autocrítica real. Vamos a ver qué ha pasado, vamos a ver qué nos ha pasado. Porque la derrota ha sido apabullante y no se puede echar la culpa solamente a la fuerza del adversario, que la tiene, sin valorar la debilidad propia.

Hay varios asuntos que pueden matizarse. Especialmente, que el balón de juego ha sido Vox. Porque la coartada de la próxima oposición era que Vox entrara en el Gobierno y poder decir que estaban oponiéndose a la extrema derecha, que Hitler, Franco y Mussolini habían entrado en el Gobierno de la Junta de Andalucía. Eso era un dulce envenenado para Andalucía, que necesita una oposición seria; pero, al final, ha terminado siendo un dulce envenenado para la futura oposición, que ahora se ha quedado sin balón. Pues no, no va a entrar Vox en el Gobierno, así que no hace falta volver cantar ‘A las barricadas’ a la puerta del palacio de San Telmo. Lo que ha ganado ha sido un espacio de centro conservador, más o menos de centro o más o menos conservador, en el que una mayoría de votantes se ha sentido cómoda, representada y con un aliento de convivencia. Quizá porque los experimentos extremistas solamente han servido para que sus cabecillas acabaran ocupando su propio puesto dentro del sistema, o quizá porque los andaluces, en general, estamos ya cansados de la polarización: los extremos se han quedado fuera, y tanto PP como PSOE representan la mayoría del voto, siendo una victoria histórica para el Partido Popular, que tiene la ocasión de recuperar todo el espacio de ese centro perdido.

Creo también que el voto a este PP es un castigo a la gestión de Sánchez, a sus promesas de que no iba a indultar a los políticos golpistas, para indultarlos después, a las mesas de negociación entre España y Cataluña, dando a Cataluña un rango estatal que no se da al resto de las comunidades. Esto el tío de Murcia, esto el tío de Castilla y León, esto el andaluz lo entiende poco, porque le queda lejos. Esta política no de mano tendida, sino de brazo y cuerpo entregados al soberanismo, desde aquí se ve con extrañeza; y, en muchas ocasiones, con indignación. Insisto: Juan Espadas ha sido un buen candidato y ha sabido competir. Ha lanzado mensajes positivos y en buen tono, no ha entrado en el canalleo verbal último, pero se ha visto sobrepasado por Juanma Moreno Bonilla, que tiene el mismo tono sencillo y constructivo, cercano en su moderación, que sabe escuchar y escucha, que sabe concitar la confianza de propios y extraños, entre otras razones, porque desde Casado ha ganado su autonomía con respecto al PP de Génova. Y eso es lo que no ha parecido nunca con Juan Espadas, que ha llegado por Moncloa, porque en este PSOE de Pedro Sánchez solo se mueve aquello que él maneja. El liderazgo de Feijóo ha potenciado esto, porque él desde Galicia ha creído siempre en la España autonómica real.

En fin, que se ha ganado apabullantemente y también se ha perdido, pero la democracia era esto. Así que a saber perder y a hacer autocrítica unos, y a gobernar otros. Y a seguir remando. Hay que recuperar un territorio civil para el encuentro desde todos los ángulos: respetar y escuchar, trabajar y vivir.

* Escritor

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