Kiosco

Diario Córdoba

Francisco García-Calabrés

Autocracia 3.P

Llegan al poder desde unas elecciones democráticas, y luego se dedican a socavar el sistema

Los libros, como las bicicletas, son para el verano, que ya ha llegado. No es fácil sustraerse del escenario cotidiano, de las primeras páginas de tribunales o sucesos, de la crónica política de tertulianos que animan programas radiofónicos y televisivos, de los discursos oficiales de cada momento y coyuntura para atisbar las claves reales de la hora que vivimos. Eso tan manido, pero real, de que las ramas no nos dejan ver el bosque.

Así, mientras tras «las ramas» de las elecciones andaluzas algunos andan perdidos tirando balones fuera, responsabilizando de sus malos resultados a la falta de movilización del electorado, a la guerra de Ucrania o al precio de la sandía y los carburantes, sin la más mínima autocrítica de programas y candidatos, de campañas y mensajes, siempre culpabilizando a los demás de su propio desatino cual parábola de la fábula del rey desnudo, yo les recomiendo como más provechoso «ver el bosque» y sumergirse para ello, como ayuda, en la lectura del reciente libro publicado en Debate del profesor venezolano Moisés Naím ‘La revancha de los poderosos’. Obra que nos facilita conocer los grandes peligros de las democracias modernas, asediados por las nuevas autocracias del siglo XXI, conocidas como «Autocracias 3.P», basadas en tres pilares: populismo, polarización y posverdad. Los autócratas, de todas las ideologías y salvando algunas distancias de categorías entre ellos, están ahí. Personajes como Chávez, Maduro, Orban, Duterte, Bolsonaro, Trump, Berlusconi o Putin son conocidos. Llegan al poder desde unas elecciones democráticas, y luego se dedican a socavar el sistema, desmantelando los contrapesos propios de un estado de derecho, como el control del poder judicial, la manipulación de la opinión pública, y la represión de todos los adversarios a veces mediante la calumnia mediática. Todo ello para perpetuarse en el poder. Ya no hace falta tomar las calles ni ejercer la censura, es suficiente la alianza con algunos sectores económicos o agentes sociales, la no renovación de licencias, las trabas burocráticas o el control de la publicidad institucional.

Una de sus bazas es ese populismo tan actual, que no es una ideología sino más bien una estrategia para obtener el poder. Basado en mensajes simples, tan categóricos como demagógicos, que calan ante un electorado fácilmente manipulable. Cuentan con un líder carismático y mesiánico, con barba o coleta da igual, que vendrá a salvarnos a todos de la élite corrupta. La antipolítica es otro carácter del populismo: ¡que se vayan todos! gritaban los argentinos antes de que los gobiernos populistas de los Kirchner se hicieran con el poder. Frente a las tesis del neorepublicanismo activo de Hannah Arendt, que invita a los ciudadanos a ser protagonistas principales de la actividad política, aquéllos les sobran todos los representantes. No hace falta marcharse muy lejos para encontrar ejemplos cercanos, ni para saber cómo terminarán, siguiendo los pasos fracasados tanto de la Liga Norte de Mateo Salvini como del Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, por ejemplo.

La polarización es otra herramienta típica de los autócratas: o nosotros o ellos. Es el cainismo sectario tan practicado como deporte patrio, entre algunos partidos alejados de la sensibilidad de la calle y las necesidades reales de la población, que camina normalmente por derroteros mucho más plurales de tonalidades diversas, y de mejor entendimiento cotidiano. Es la apropiación excluyente de algunos mensajes y la estigmatización de todo lo que no sea uniforme. Y el tercer pilar, es la posverdad. Tremendamente peligroso, que va más allá de la simple mentira y que construye un determinado relato parcial sobre el que trata de legitimarse, demonizando todo lo que no sea conforme a sus intereses. Los autócratas no construyen realidades sólidas, sino proyectos de futuro poco creíbles, andan siempre buscando chivos expiatorios que frente a su egolatría justifiquen sus propios fracasos y las frustradas expectativas de los ciudadanos. Seguro que todo esto les suena bastante. Que tengan buena lectura.

*Abogado y mediador

Compartir el artículo

stats