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Diario Córdoba

Manuel Pérez Yruela

Unas elecciones para pensar

El 19J afianza el cambio político iniciado en los comicios autonómicos anteriores, tras 36 años de gobiernos socialistas en una comunidad donde la izquierda ha ido perdiendo apoyo electoral al no reforzar y ampliar sus bases sociales en torno a la defensa de las políticas redistributivas y de igualdad

La singularidad más evidente de estas elecciones es que en ellas se ha afianzado el cambio político que empezó, de una manera a la vez previsible e inesperada, en las elecciones de 2018, después de un largo periodo de 36 años en el que el PSOE había gobernado Andalucía.

Este cambio se debe en buena medida a la pérdida de apoyo electoral de la izquierda. En el PSOE, que empezó en 2012 con la pérdida de unos 650.000 votos, siendo la primera vez que el PP le superó por una pequeña diferencia. Llegó a 2018 siendo el partido mejor valorado y preferido por los andaluces para gobernar, según el Estudio Preelectoral del CIS de octubre de ese año. Pero tenía otros datos menos positivos, que deberían haber sido motivo de preocupación para ese partido, entre otros una regular o mala valoración de la gestión del gobierno socialista de la Junta de Andalucía (80%) y de su presidenta (75%). O que el 58% de andaluces quisiera que hubiera un gobierno de un partido diferente al que estaba gobernando. Todo esto puede ayudar a explicar la pérdida de otros 400.000 votos.

También se debe a la dispersión de los partidos a la izquierda del PSOE, que cuando han participado juntos han sumado cerca de 600.000 votos y un buen número de escaños (17 en 2018) que ahora han quedado reducidos a 7.

Finalmente, también se debe a que en las elecciones de 2012 se inició el ciclo de participación más baja habido en las elecciones andaluzas: 10 puntos más baja (59%) que la media de todas las elecciones anteriores (69%). Un indicador de aumento de la desafección política, que ha afectado negativamente al voto de izquierdas, especialmente porque la participación en los barrios de menor nivel de renta es bastante más baja que en los de más nivel.

Estas pérdidas de votos tienen varias procedencias. Una parte de ellas procede de votos no estrictamente ideológicos que ha tenido el PSOE durante mucho tiempo. Personas progresistas de clase media, no necesariamente socialistas, que se han ido alejando de esta opción política por dos razones principales: una, por falta de sintonía con la práctica política del PSOE o dificultad de él mismo para retenerlos; otra, porque les resulta atractiva la oferta política que suelen hacer las opciones de derecha de bajada de impuestos y apoyo a la educación y a la sanidad concertada. Una segunda parte procede de personas cuya lejanía de la política por razones culturales o económicas les hace pensar que sus condiciones de vida no las va a resolver ningún gobierno. Una tercera parte procede de votantes jóvenes que dan por hecho la existencia de los servicios y beneficios públicos del Estado de Bienestar y no se sienten concernidos con la necesidad de defenderlos.

Por esto, hay que señalar que el PSOE y la izquierda en general se hayan preocupado poco de hacer la pedagogía política necesaria para reforzar y ampliar sus bases sociales en torno a la defensa de las políticas redistributivas y de igualdad que caracterizan a los gobiernos de izquierda, especialmente necesarias en sociedades con tasas de desigualdad, pobreza y desempleo como es la andaluza.

Igualmente ha influido que, en la legislatura 2018-2022, el Gobierno de coalición y su presidente, especialmente este último, hayan mantenido un perfil moderado, con cierta continuidad en políticas que ya habían iniciado gobiernos del PSOE. Esto sin perjuicio de que hayan hecho algunas incursiones propias de la derecha al apoyo a la educación concertada, especialmente la formación profesional, y la sanidad concertada.

Por último, ha facilitado este cambio que el relevo y la renovación a fondo del PSOE no se haya acometido antes. Esto le ha impedido hacer una oposición más sólida y acorde con los problemas de Andalucía, que son muchos, y no se avanza tanto como se dice en solucionarlos.

**Sociólogo y presidente honorífico del IESA

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