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Diario Córdoba

Manuel Piedrahíta

Mirar, pero no ver ni oír

"A mí empezó a pasarme con la televisión: miraba a la pantalla, pero mi mente no veía los programas"

Es interesante el artículo de mi compañero, Miguel Aguilar, en las columnas de opinión. Se puede sintetizar en esta frase: «Estamos acosados por una verdadera epidemia de miopía». Pero no ha ido al oftalmólogo. Ha preferido ir lejos, a Palo Alto, en busca del neurocientífico Andrew Huberman; ha reflexionado sobre «la estrecha relación que existe entre nuestro comportamiento (...) Al contrario de lo que a veces nos creemos, es la mente la que sigue al cuerpo». Esa idea la he relacionado con un curso de verano en El Escorial dirigido por el psiquiatra Castillo del Pino. Planteó algo muy parecido a los podcast de Huberman. En la parte de ruegos y preguntas, recuerdo una síntesis de mi intervención: «Muchas veces miramos algo, pero no lo vemos». Me ha pasado conduciendo. Miraba y al mismo tiempo pensaba, olvidando que había pasado por tal o cual sitio. Y es que la mente se imponía al cuerpo, a la visión del ojo. A mí empezó a pasarme con la televisión: miraba a la pantalla, pero mi mente no veía los programas. Así que desde hace tiempo no miro ni veo la televisión española. Me he alejado de la pantalla no «de vez en cuando» sino siempre. Por fin sí veo y miro, vía mi parabólica, los telediarios de la televisión pública alemana. Apenas duran veinticinco minutos muy bien editados. Cinco para Deportes y menos minutos aun para el Tiempo. Y cuando habla alguien, por ejemplo un corresponsal, lo oímos y lo vemos con atención ya que no nos colocan a la vez imágenes que no dicen nada. Algunas veces hasta tres clases de imágenes al mismo tiempo. Logran que el espectador mire, no vea ni oiga.

* Periodista

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