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Diario Córdoba

Francisco García-Calabrés

Seguridad y armas

Los tiroteos masivos son una constante en el país de las «barras y las estrellas»

No nos deja indiferente el rosario de asesinatos múltiples sin fin, que tienen lugar en una de las sociedades más avanzadas del mundo, y que mal nos sirve de ejemplo en el que mirarnos. Me refiero a la matanza de 21 personas en el colegio de Uvalde -Texas- esta semana, o al asesinato de otras 10 personas en un supermercado de Búfalo, en el estado de Nueva York, hace escasos días. Como recuerdo, entre otros, también los 50 muertos del tiroteo de Las Vegas durante un festival de música country hace unos años. Víctimas inocentes e indefensas, asesinadas al azar de forma indiscriminada.

No es un hecho aislado. Los tiroteos masivos son una constante en el país de las «barras y las estrellas». Durante el 2021 se registraron allí 20.658 muertes por armas de fuego y 40.358 heridos, en una tendencia que continúa en aumento. Estados Unidos se convierte en uno de los países con más muertes violentas del mundo. No es de extrañar, cuando los informes nos indican que durante el pasado año se vendieron 18 millones de armas, rompiendo todos los récords anteriores. De acuerdo con el informe de «Small Arms Analytics and Forcasting» hay aproximadamente 393 millones de armas en circulación entre civiles en EEUU. O dicho de otra forma, los estadounidenses concentran el 48% de los millones de armas en poder de todos los civiles en el mundo.

Y aunque el derecho a tener armas está en el «adn» de la gestación de ese país, y es hoy un derecho constitucional, nos parece que como sociedades en los últimos siglos hemos avanzado desde los años del «far west» o lejano oeste hasta nuestros días y ya no necesitamos una pistola al cinto. Defendemos que las Fuerzas Armadas y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, un estado democrático moderno, deben ser el único titular para el uso legítimo de la fuerza como ocurre en los estados europeos, y que el país «de las libertades» no puede ser el país de las inseguridades, de los miedos a saber si los tuyo s cualquier día volverán o no del colegio, de la compra, del festival o del parque. Existe un debate moral de fondo sobre el valor de la vida, que deplora la venta libre y uso de armas bélicas por personas civilizadas, de lo que no es ajena la poderosa industria de armamento norteamericana con sus lobbys de presión. Otra vez el mercado por encima de la persona. La libertad individual por encima de todo, mal entendida, colisiona con las libertades y derechos ajenos. El liberalismo de Locke, frente al autoritarismo de Hobbes, consiste en ceder al Estado la tutela y protección de nuestros derechos, garantizando nuestra vida, libertad y propiedad, con unos mecanismos de contrapesos y garantías, como introdujera posteriormente Rousseau dando lugar a la legitimación de las democracias modernas. Claro que defendemos la legítima defensa, pero eso nada tiene que ver con la inhibición y ausencia del Estado, que exija una autodefensa mortífera y obligada de personas civilizadas, que deben de entrenarse en campos de tiro, y de alumnos que tienen como enseñanzas curriculares en las escuelas la protección frente a los tiroteos. No parece lógico. Y desde luego, a la vista está, no es eficaz ni seguro.

Las cifras alarmantes de violencia en Estados Unidos llevaron, hace más de un año, al presidente Joe Biden, a solicitar al Congreso la adopción de medidas para restringir la circulación de armas de fuego en el país. «Esta administración no esperará al próximo tiroteo masivo para escuchar los llamamientos a la acción». Ahora ha vuelto a decir lo mismo, aunque no sabemos cuántas muertes más se necesitan para hacer algo. Además, entre otras incógnitas y desde la perplejidad me pregunto ¿cómo va a convertirse en centinela del mundo, un país que no puede proteger ni la propia integridad de sus conciudadanos?

** Abogado y mediador

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