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Diario Córdoba

Editorial

El reencuentro con la Feria

Córdoba vive el primer fin de semana de la que tal vez sea la edición de la Feria de Nuestra Señora de la Salud más deseada desde que se celebra en el recinto del Arenal, que es el escenario que echa el telón al mayo festivo desde hace poco más de un cuarto de siglo. Tras dos años sin feria a consecuencia de la pandemia del covid 19, los cordobeses tienen ganas de convivir días de jubileo con familiares y amigos con los que en este lapso de dos años de virus han sido muchos los malos tragos compartidos. Hay ganas de volver a pasarlo bien.

De momento, el test que suponía el reencuentro de Córdoba con las tradiciones de su gran mes ha cumplido con creces las expectativas. El programa que abrió la Cata del Vino de Montilla-Moriles con récords de asistencias ha ido dando el testigo a una ambiciosa sucesión de fiestas de un mayo cuyo motivo central lo han vuelto a poner los patios, con cifras de visitas próximas a las de antes de la pandemia, los hoteles al 85% de ocupación y restaurantes llenos; también, mayo ha dejado atrás unas cruces que sacaron a los cordobeses a las calles en multitud como en sus mejores citas, y con escasez de incidentes.

A lo largo de los próximos días, después de 27 años celebrándose la Feria en El Arenal y tras un comienzo de 180 casetas instaladas y una gran dificultad para conseguir un hueco en el recinto, estas se han reducido casi a la mitad, siendo 75 las que se han levantado en esta edición. Sin embargo, la cantidad no debe estar reñida con la calidad ya que a pesar de la disminución de casetas en el Real éstas presentan un mejor y cuidado aspecto que en los comienzos de hace más de dos décadas. La impresión en las primeras 24 horas de la que se pretende que sea la Feria más inclusiva es que, tras este paréntesis de dos años, también han mejorado algo las calles del recinto, lo que va a posibilitar la presencia casi continua de carruajes y caballistas que, junto a la masiva presencia de mujeres ataviadas con el traje de flamenca, le van a dar al recinto esa vistosidad, movimiento festivo y colorido propios de lo que siempre se ha concebido como una feria y que tanto estábamos echando ya de menos.

La Feria ha de ser un foco en el que impere el clima de convivencia, y la sociedad se encuentra sometida aún a la amenaza permanente de un virus que, a pesar de que las vacunas están cumpliendo con su cometido, sigue infectando a una cifra importante de ciudadanos, con mayor o menor gravedad. De ahí que, dentro de la flexibilidad en las relaciones que permiten las normas sanitarias, siempre debamos llevar por delante una máxima de prudencia. La Feria de Córdoba ha apostado desde su origen por un modelo de fiesta abierta, que pretende ser compatible en los grandes días con el espíritu de casetas tradicionales que, en determinados momentos, reclaman su derecho a una especie de intimidad del grupo, asociación o colectivo que los ha llevado a unirse en una caseta en la Feria. Por todo ello se presta a ser caldo de cultivo para concentraciones multitudinarias en las que debe primar la responsabilidad y el sentido común.

Tenemos por delante aún seis días de intensa fiesta. Cuando llegue la hora de hacer balance tras los fuegos artificiales del próximo sábado, el resultado final debe ser que la Feria supuso el reencuentro con una de las semanas más felices del año y servir de nuevo para tomar nota para que la apuesta por su calidad estética en general sea una progresión constante. 

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