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Diario Córdoba

Jose Manuel CuencaToribio

Historia en el tiempo

José Manuel Cuenca Toribio

No hay peligro

Hasta las elecciones del otoño próximo, su programa ha de respetarse

Con el actual Gobierno español no existe, ciertamente, peligro alguno de que los ciudadanos se aburran. Incluso en una esfera como la educativo-cultural que semeja estar un poco a resguardo de su frenesí legislador, las mudanzas e innovaciones continuas no dejan al buen gobernado un instante de tranquilidad. Si no es la Filosofía, es la Historia; si no es el pasado de una particular memoria, es el futuro con sus reaccionarias pedagogías tecnológicas o el tratamiento ominoso de la tauromaquia tan arraigada en los estratos más hondos de la personalidad de nuestro pueblo, o el no menor socavamiento de la identidad religiosa del país (muy lejos del nacionalcatolicismo como a menudo ignaramente se le imputa), la máquina de gobernar se sitúa en un actividad incesable de no dar reposo administrativo a las medidas más eutrapélicas que cabe su suponer. Las democracias se asientan en consensos no demasiado numerosos pero compactados graníticamente. Solo así los grandes pactos sobre los que se alzan resisten el paso del tiempo y las tensiones coyunturales del cuerpo social. Los límites de la convivencia han de estar en todo momento bien marcados para ennortarla indeficientemente hacia el progreso continuo.

El objetivo no siempre confesado de nuestros actuales gobernantes en la cúspide del Estado es dejar sin reposo la imaginación de la ciudadanía, obnubilada con una riqueza burocrática desbordada y sin orillas, al paso que la realidad cuotidiana se enrarezca incontenible a tenor de un panorama cada vez más cercano al de un Estado fallido. Liquidar de una plumada el curso cronológico del ayer remoto y del más reciente; programar la educación emocional como recóndito y esclarecido fin de toda suerte de enseñanzas; ahincar presupuestos y afanes ministeriales en una «memoria democrática» de entidad tan vagorosa como indefinida o ir indesmayablemente a la husma de identidades utópicas conduce inembridablemente a la colectividad a un estado de ánimo nada propicio a la reflexión serena que precede a la toma de posiciones doctrinales y políticas sólidas y bien arquitrabadas para el diálogo permanente que ha de inspirar todo régimen democrático.

Naturalmente, pese a lo expuesto no han de buscarse razones maquiavélicas ni motivos por entero repudiables en la actuación de los dirigentes de la coalición hoy en el poder. Simplemente, utilizan la táctica que creen más conveniente para la materialización de su ideario. Hasta las elecciones del otoño del próximo año, su programa ha de respetarse escrupulosamente como expresión legítima de la mayoría de españoles que le otorgaron su voto. Mas es lo cierto que algún sosiego en sus equipos de gobierno y también, a las veces, en el Boletín Oficial del Estado redundaría en beneficio de su salud mental, tan auspiciada y defendida en la hora presente desde todos los ángulos de la colectividad nacional.

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