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Diario Córdoba

Ana Castro

el cuerpo en guerra

Ana Castro

Carta a la madre que no seré

Querida Ana no-mamá: Sé que escribes esta carta para autoconvencerte de que todo está bien, que no pasa nada, que muchas mujeres se ven en la situación de no poder tener hijas por diversos motivos y que, al fin y al cabo, vivimos en la época de las Maternidades precarias (Arpa, 2022) que bien conoce Diana Oliver. Y todas tus amigas, porque prácticamente la totalidad de tus amigas tienen hijas ya. Has visto cómo sus barrigas crecían con un ser dentro mientras que la tuya solo se hincha debido al dolor.

Quieres a tus sobris, las hijas de tus amigas, con locura y ejerces de tía con todo el amor del mundo. Las quieres, las adoras. Pero también duelen un poco de vez en cuando. Hubo una vez en que una de ellas te pidió jugar a que tú eras su mamá y le comprabas gusanitos y la llevabas al teatro y luego hacíais vuestra propia obra juntas y... Jugaste. Te llamó «mamá». Y aquello te desgarró.

Nadie te regalará flores ni te hará ningún dibujo por el Día de la Madre. Mañana solo pensarás en tu condición de no-mamá y tratarás de hacer como si no importara tanto, pensarás en tu gata y en cuánto os queréis la una a la otra y sí, tienes una gata-hija a la que paseas dentro de un bolso con su cabecita fuera pero... Sabes que eso no es ser mamá. Tú deseabas tenerme. Ver cómo tu barriga se hinchaba y sentirme dentro, que fuéramos una sola durante un tiempo y después arrullar todos mis llantos con tus brazos. Verme crecer y convertirme en una Marta pequeñita. Y que pudiera tener unos abuelos muy jóvenes que me disfrutaran. Y eso no pasará nunca.

Y, aunque no vaya a existir, de verdad que todo está bien, no-mamá Ana. Biológicamente no puede ser. Tu dolor y tu medicación también lo imposibilitan. Y no te lo podrías permitir económicamente. Sé que tienes y comprendes todas las razones y, aún así, te duele tanto... No hay ninguna forma de consuelo. Creo que será mejor que lo dejemos aquí.

No sé si serviría de algo decirte que sé cuánto me quieres; que si las no-hijas pudieran existir en algún sitio más allá de en el pensamiento de las no-madres te diría que te yo también te quiero, que te abrazo desde aquí. Que no quiero que estés tan triste. Que también a mí me duele verte así. Solo te pido una cosa: perdónate, perdónanos por no existir, por estar condenadas a ser con un «no» delante. Y sigue, como has hecho siempre.

Con todo el amor que no puedo darte, Tu no-Marta.

*Escritora y periodista

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