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Diario Córdoba

Manuel Muñoz Rojo

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Manuel Muñoz Rojo

Un niño, un árbol

Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, aseguró el poeta cubano José Martí. No debemos obsesionarnos mucho con la triple propuesta, pues hay quien no ha tenido un hijo, y quienes habiéndolo tenido, jamás ejercieron de padre; quienes ni plantaron ni árbol ni un huevo, simplemente pasaron. Y lo del libro, prudencia. También, hay quien dijo que para escribir era necesario haber leído otros cien. A este ritmo, pude haber más escritores que lectores. Pero, la trilogía es comprometedora desde el enfoque medioambientalista de la fundación Savia y el Ayuntamiento de Palma del Río.

Los niños nacidos en esta ciudad en este último año, creo que más de setenta, han sido invitados con sus progenitores a sembrar un árbol. Esto supone que los niños, desde el momento y hora que los traen la cigüeña, no vienen con un pan sino con un árbol. Y así, un naranjo, una acacia, un cedro, un fresno, una palmera, pasan a llamarse desde su plantación Pablo, Chema, Antonio y María. Por calles, avenidas, jardines, riberas vamos viendo el árbol de Pablo, y el de fulano, y el del pequeño Luis, y la guapa María es una elevada palmera por el jardín reina Victoria. Ya veo a los abuelos –este el árbol de mi nieto- y qué decir de esas orgullosas madres y padres que presumirán que las naranjas más exquisitas brotan en el árbol de Chema.

Esa infancia tomará conciencia desde el minuto uno de la importancia de proteger la naturaleza, de reconocer un paisaje singular y tan propio. Cada árbol prolongará su sombra alargada, sus hermosas flores y sus ricos frutos. Nuestro mundo será mejor si los niños y niñas aman su árbol, su bosque, su entorno. Inteligente idea de Savia recogida sabiamente en la política municipal para que nuestra infancia sean grandes naturalistas y grandes lectores, no empeñados en escribir un libro sino en escribir vidas responsables y palabras honestas.

A principios del siglo XX prosperó por toda España la fiesta del árbol. Los escolares plantaban árboles, escuchaban discursos rimbombantes de jóvenes regeneracionistas y disfrutaban de películas mudas en el cinematógrafo. El fanatismo acabó con todo. Deseamos que estos jóvenes vean crecer sus árboles en las alamedas de la libertad.

* Historiador

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