Kiosco

Diario Córdoba

Joel Bracho Pérez

TRIBUNA ABIERTA

Joel Bracho Pérez

La obra de Carmen Castellote enternece a Córdoba

Un antiguo refrán dice «nadie es profeta en su tierra», y de esto sabe mucho Carmen Castellote, una de las escritoras más desconocidas del panorama literario nacional. Precisamente, el Instituto Cervantes apuesta por cambiar este paradigma, su director, Luis García Montero, ensayista de la generación de los postnovísimos, viaja personalmente a México, a propósito de la celebración del mes del libro e idioma, pretendiendo recoger de manos de Carmen un legado que se depositará en la Caja de las Letras de la Organización pública española.

La última poeta superviviente del exilio republicano, una de las llamadas niñas de la guerra o de Rusia, con tan solo 5 años en 1937 fue enviada desde Bilbao a Leningrado a bordo del Habana, meses después del bombardeo de Guernica, y en acompañamiento de miles de niños evacuados durante la Guerra Civil.

Viviendo en la Unión Soviética se licenció y doctoró en historia, alzándose con importantes premios. Desde 1958 reside en el país azteca, no solo tuvo que reaprender el español escribiendo bellas poesías, sino que logró trabajar durante casi veinte años como encargada de la dirección del Departamento de Geografía e Historia de la editorial Uteha, una de las más importantes de Latinoamérica.

Como entresijos del destino, el conocido actor Carlos Olalla encuentra su rastro cuando se disponía a preparar un monólogo sobre las mujeres del exilio republicano. Con los años se forja el contacto y una bonita amistad entre Carlos y Carmen; sacándose a la luz parte de su legado en formato de libros, cartas y la poesía teatralizada como ‘Kilómetros de tiempo’, obra expuesta recientemente en nuestra provincia, gracias a las gestiones del Departamento de memoria democrática de la Diputación de Córdoba, en coordinación con instituciones como el Ayuntamiento de Doña Mencía y centros educativos como el IES López Neyra e IES Blas Infante. Todo ello ha posibilitado que cientos de personas hayan podido disfrutar, a la par que dignificar, el trabajo de quien por su doble condición de mujer y exiliada había sido condenada al más injusto olvido.

Sumergirse en la poesía de Castellote es pisar la nieve siberiana, recorrer sus caminos, jugar en aquella lejana escuela de Tundrija, donde los niños del pueblo le preguntaban si en su idioma había pan. En sus versos aún se encuentra aquella niña apartada de sus padres y de su tierra por la guerra y, sobre todo, la nostalgia de una exiliada que, aunque hace más de cincuenta años que encontró un hogar, todavía busca el punto de partida de todos los trenes que la llevaron hasta allí: «la infancia como eternidad sin estaciones», donde se crece y se sigue siendo niña, donde «la palabra es un remo perdido en el mar», y «escribir es ordeñar la luz con la mente».

*Profesor y cronista

Compartir el artículo

stats