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Alberto Díaz-Villaseñor

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Alberto Díaz-Villaseñor

El Geri y el Rubi

«Gran parte de los ricos, o de los que se hacen ricos, o sea, los nuevos ricos, son bastante horteras, u orteras»

Lo sabíamos pero necesitábamos verlo con nuestros propios ojos, o, mejor dicho, escucharlo con nuestros propios oídos. Hemos comprobado que gran parte de los ricos, o de los que se hacen ricos, o sea, los nuevos ricos, son bastante horteras, u orteras. La nueva pareja cómica, el Geri (pronúnciese Yeri, por favor) y el Rubi, llevan nombres de payasos de antes, y, si me apuran, de folclóricas: la Yeri y la Rubi, por ejemplo, funcionarían bien en cualquier tablao de feria. Con mucho menos caché por pase que los genuinos, claro. Horteras (u orteras) de los de la pasta desproporcionada a comisión los hay y los ha habido muchos, y no es necesario ilustrarlo aludiendo sólo al prisionero de Zenda, digo de Dubái, o a los cargohabientes del amplio espectro político. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo, o Sergio Ramos (y me pesa citar a merengues) dieron muestras de horterismo u orteridad a niveles estratosféricos, pero al menos sus rebecas blancas, sus cortes de pelo, tatuajes, gafas de mujer y todas esas cosas propias de un Elton John de Camas o Funchal, estaban justificadas por un sueldo. Y allá cada club con lo que paga, y allá con las ventajas fiscales del fútbol, que eso no viene al caso. Pero lo del Geri y el Rubi, que seguro ellos escribirían como Gery y Ruby, es digno de actuación televisiva hortera u ortera de Nochevieja, de esas de risotada fácil. Los kilos ya no son kilos, son palos, pero menos mal que el Geri, en el momento clave, no llegó a decir «los moros» sino los «saudís» (mejor hubiera dicho «saudíes», pero en fin, visto el panorama educativo ya está todo casi perdido). Manca finezza, que dicen los italianos, y no es sólo finura lo que manca, sino también cierta elegancia, o, al menos, sentido de la oportunidad. Que le hayan hackeado el móvil a estos piernas mientras se repartían los palos (palos verdes, hubieran dicho de ser argentinos), los palos suyos y los de los demás, al menos tiene una ventaja: y es que estoy seguro de que, aprendida la lección, ellos y muchos otros se comunicarán, a partir de ahora, por carta. Por carta de las de antes, con sobre, sello y gotas de colonia. De Varon Dandy, seguramente.

*Escritor @ADiazVillasenor

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