Kiosco

Diario Córdoba

manolo fernández

FORO ROMANO

Manuel Fernández

Consumir periodismo de pago

El lunes se presentó el libro '111 años de la Asociación de la Prensa de Córdoba 1910-2021' y el jueves se le entregó a la periodista nicaragüense Patricia Orozco el XV Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado

Presentación del libro '111 años de la Asociación de la Prensa de Córdoba 1910-2021'. MANUEL MURILLO

Fue casi al final de la semana en la que Córdoba ha tenido muy presente al periodismo en el Centro de Recepción de Visitantes, el espacio junto a la Mezquita donde la ciudad ha encontrado su alma. El lunes se presentó el libro 111 años de la Asociación de la Prensa de Córdoba 1910-2021, un libro que resume más de un siglo de periodismo cordobés, y el jueves se le entregó a la periodista nicaragüense Patricia Orozco el XV Premio Internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado, que concede el Sindicato de Periodistas de Andalucía, por su “compromiso y la valentía así como la defensa de los derechos humanos, la justicia social y la igualdad”. Al cierre del acto de la entrega del premio periodístico, Luis Medina, vicerrector de Cultura de la Universidad de Córdoba, una de las entidades patrocinadoras, dijo con la contundencia de quien pronuncia una deseada verdad: “Consumamos periodismo de pago”. Una de las miserias que la pandemia ha institucionalizado en la sociedad –después del dolor causado a familias y grupos a los que la muerte les ha sellado la alegría—es casi la aversión al papel, sobre todo al de prensa, ese en el que los periódicos daban en las barras de los bares el saludo cotidiano a unos parroquianos que guardaban cola para echarle un vistazo a las noticias del día. Fue en Fleming.

Estaba tomando un café en una terraza y quería mirar la cartelera para ir al cine. Entré en el establecimiento y le pedí el periódico al camarero. Y me dijo: “Periódico no tenemos. Somos un restaurante de categoría”. Llevo pensando esa respuesta unos meses. Evidentemente pensé en la barbería de mi padre, donde iban diariamente a leer el periódico quienes se interesaban en saber qué había ocurrido en otros sitios más importantes que mi pueblo, donde se movía el poder. Allí encontré a los seis años mi vocación periodística. Y en Fleming, en otro establecimiento público, un camarero me quiso dar a entender que el progreso no pasaba por el aprendizaje de la cultura sino por un atracón de gastronomía en un restaurante de categoría --desde el covid sólo conozco a dos amigos que compren o estén suscritos a un periódico--. Una especie de miseria moral que nada tiene que ver con el precio de un periódico, muy parecido al de un medio de vino. La pandemia nos ha roto esa ligazón que teníamos con la lectura, que era de papel. Las pantallitas son, en la mayoría de los casos, reiteraciones de la obviedad. El que una autoridad universitaria, que evidentemente se ha hecho en la lectura, aconseje en un acto público que consumamos periodismo de pago es denunciar que la sociedad le ha dado la espalda a los periodistas que nos cuentan la vida –también las guerras--, cuyo producto –las noticias— las leemos gratis, sin pagarles un sueldo por su trabajo. Menos mal que hay libros que cuentan la vida de los periodistas, como el que presentó el lunes la Asociación de la Prensa, en el que narra sus 111 años de historia. Y premios que recuerdan a periodistas que en el ejercicio de su profesión, en este caso en contar la guerra de Irak –aquella de la que Julio Anguita padre dijo “Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”--, además de noticias Julio Anguita hijo encontró su propia muerte hace 19 años.

Evidentemente lo recuerdo en aquellas noches a la salida del periódico en que los de prácticas se venían a mi casa donde tomaban algo y él recogía casi siempre vasos y platos y los colocaba en la cocina. Y nunca me olvidaré de aquel día que en la Plaza de Callao de Madrid donde me pidió que las asociaciones de la prensa no traicionásemos a los estudiantes universitarios de Periodismo y que el acceso a la profesión fuese a través del título de licenciado. Como tampoco se me olvida lo que nos contaban aquellos periodistas sobre la Nicaragua del dictador Somoza contra la que se levantó Daniel Ortega, que ahora es dictador, ni lo que me contó frente a la Mezquita Ernesto Cardenal, aquel teólogo de la Teología de la Liberación, ministro nicaragüense y reprendido por el papa Wojtyla, que abandono el Frente Sandinista en protesta contra Daniel Ortega. De ese país, de aquella Nicaragua justa en un tiempo se ha tenido que venir exiliada la periodista Patricia Orozco. Por contar, como hacen los auténticos periodistas --en la tele, en la radio o en papel--, toda la verdad.

Compartir el artículo

stats