En Córdoba se nos llena la boca cuando hablamos de turismo. Y es lógico pues atesoramos joyas culturales, turísticas y naturales reconocidas y hasta con papeles. Una de ellas es el monumento natural Sotos de la Albolafia. Un espacio natural protegido comprendido entre el puente Romano y el puente de San Rafael. Y como decimos con papeles, esto es, declarado monumento natural el 2 de octubre de 2001, mediante decreto de la Junta de Andalucía. La historia ha hecho de él un tramo del río Guadalquivir donde las diversas fluctuaciones históricas del nivel del río a su paso por la ciudad han jugado primorosamente con las zonas inundables, desnudando pequeños afloramientos, barras e islotes. Todo ello engarzado con los pintorescos molinos vestigios de emblemáticas construcciones medievales como el molino de San Antonio, molino de Enmedio, el molino de Téllez o el molino de la Albolafia, siendo este último en época romana un productor de harina.

Y por si era poco el legado histórico, la vegetación de ribera que acompaña la zona no se queda atrás: sauces, álamos, adelfas, zarzas y carrizos. Y para guinda la prolija avifauna de Los Sotos donde cada año se observan más de 110 especies de aves y una colonia de cría de garcilla bueyera y martinete, localizada desde 2010 cerca del Molino de Martos, aguas arriba del Monumento Natural. Y hasta las simpáticas nutrias para darles ese toque amable a la zona. Y mucho más, aunque el motivo de toda esta panoplia de datos nos es cansarle querido lector/a, sino poner en valor un bien cordobés que lleva desde el 2012 olvidado de la mano divina. Dicen que La Junta de Andalucía iniciará esta semana los trabajos para el mantenimiento de la biodiversidad. Aunque no sólo basta con comenzar la adecuación de la zona, sino que es imprescindible un compromiso para que no se deje de mantener. Es lo que se merece nuestro turismo y los cordobeses.

*Mediador y coach