Opinión

Córdoba ante el dato histórico de empleo

El dato es contundente, proviene de la Encuesta de Población Activa (EPA), un medidor oficial, confiable y de larga trayectoria, y, por ello, es en sí indiscutible: la provincia de Córdoba cerró el año 2021 con la mejor cifra de ocupación en el mercado laboral desde que se inició la serie histórica. 308.700 cordobeses tenían un empleo al terminar el año pasado, un ejercicio sobre el que pesaba la dificultad añadida de ser el segundo año de la pandemia por el covid-19 que comenzó en marzo del 2020. De hecho, el turismo, que es un sector clave para nuestra provincia, se resintió claramente en el último trimestre con el desembarco de la variante ómicron. Y, con todo, los resultados han sido buenos para Córdoba, para Andalucía y para España.

La buena evolución ha sido casi sorprendente, y, aunque no puede descartarse que los datos del paro registrado en enero que difundirá el Ministerio de Trabajo esta próxima semana puedan arrojar un jarro de agua fría sobre las expectativas del mercado laboral, lo cierto es que Córdoba ha batido el récord de personas que dicen estar trabajando, con una tasa de actividad del 57,2% sobre la población mayor de 16 años (bastante mejorable todavía) y una tasa de paro del 17,3% que equivale a 64.800 desempleados, también una cifra que no se conocía desde el año 2007, el previo a la gran crisis económica. La tasa de paro de Córdoba es inferior a la media andaluza del 20,8%, pero todavía alejada de la media nacional del 13,3% (a su vez más elevada que la media de la Unión Europea, situada en torno al 7%).

La buena noticia está clara, pero no hay que dejarla pasar sin consideraciones de relevancia que son aplicables a la situación de esta provincia. Por una parte, la estacionalidad: la mejora del empleo ha afectado sobre todo al sector servicios, con ligeros incrementos también en el empleo agrícola y en la construcción, mientras que la industria retrocede ligeramente. 

Un escenario ideal sería aquel en el que la industria avanzara en actividad, creando puestos de trabajo de mayor cualificación y estabilidad. Pero la realidad es que el mayor peso de este avance laboral se produce en el sector servicios, condicionado en gran parte por las temporadas (y generador de empleo temporal), especialmente el turismo. De ahí la necesidad de continuar en la línea de reducir al máximo la concentración de los visitantes en pocos meses y distribuirlos a lo largo del año, y de intensificar la oferta de calidad frente a la masificación. Junto a ello, Córdoba sigue teniendo un gran peso de su sector agrario, con la buena evolución en su industria agroalimentaria, pero con la consabida temporalidad en el empleo que imponen las campañas. La modernización del sector agroganadero y su posicionamiento en la cadena de distribución sería determinante para dar más estabilidad a los contratos en el campo cordobés.

Finalmente, dos aspectos a tener en cuenta. La mejora de la situación se ha dado, según la EPA, entre los varones, mientras las mujeres siguen teniendo menos peso en el mercado laboral (de hecho, la tasa de paro no llega al 14% entre los hombres y supera el 21% entre las mujeres). Si a ello se añade que ellas son las que más sufren la precarización y los bajos salarios, el panorama está lejos de ser perfecto. 

Córdoba afronta un 2022, llamado a ser (si el escenario internacional no lo trunca) el año de la recuperación, con unos buenos datos de inicio, pero muy mejorables en cuanto a la calidad del empleo, determinante de la calidad de vida de su población. Dejando de lado las consecuencias que pueda traer la aprobación -o no- de la reforma laboral, hay aspectos ineludibles. Invertir desde las administraciones en la mejora de los procesos de educación y de una formación adecuada para acceder al mercado laboral, e inversiones enfocadas hacia la modernización de los sectores productivos, para los que sería un gran impulso un uso adecuado de los ahora controvertidos políticamente fondos de recuperación de la UE, serían factores de clara mejora para el empleo. Y la concienciación de la sociedad de que, frente a los beneficios inmediatos, la creación de empleos decentes redunda a la larga en la competitividad de las empresas.