No es la primera vez que visito Fitur y al entrar siempre recuerdo la famosa de Berlín en los años 70. España solo creía que la Costa del Sol, Baleares y Canarias era lo único que había que ofrecer a los turistas extranjeros; y, sobre todo, por creer que con ofrecer paella a los visitantes y hablar mucho de nuestro sol era suficiente. No lejos del pabellón español, los ‘Länder’ alemanes competían entre sí para llevarse al turista extranjero a sus ciudades tan cuidadas, muy bien representadas en folletos y demás atracciones. Recuerdo lo funcional que era el pabellón de Estados Unidos. Fitur, desde hace tiempo -y sobre todo en su 42 edición y sus 56.700 metros cuadrados de extensión- ya está en esa onda. En el pabellón de Andalucía, con sus 5.300 metros cuadrados, la competencia es muy alta. Las ocho provincias se esmeran cada año que pasa en ser «la mejor».

Juan Marín aunó voluntades y dijo que «ningún destino en el mundo puede ofrecer la variedad, singularidad y excelencia que reúne Andalucía». Hacen bien los políticos en decir estas cosas, aparte de fotografiarse y tapar lo bonitos que quedan los stands. Pero claro, hay que otear otros paisajes, otros países y además de mirar nuestro ombligo intuir el de los demás. Me creí al ver eslogan, ‘Universo Viajar’ del pabellón de la revista ‘Viajar’, de Prensa Ibérica, que ya se anunciaban los viajes turísticos espaciales. Pero todo llegara. Mientras, busquemos al turista que no va de botellón, que no quiere solo sol y playa. Creo que por fortuna Córdoba no es solo flamenco. Tiene alma, senequismo, compostura y sabe vivir la vida.

*Periodista