La ciudad de Córdoba ha estrenado instituto en la zona de Miralbaida, y eso es una excelente noticia en una época falta de buenas nuevas. Pero también lo es el nombre que le ha asignado la delegación de Educación, IES Casiana Muñoz Tuñón, en homenaje a una astrofísica cordobesa que desde hace 35 años presta sus saberes, casi tantos como su curiosidad universal, en el Instituto de Astrofísica de Canarias, del que es subdirectora. No es frecuente que a un centro docente, o a un centro en general, se le ponga el nombre de una mujer, como tampoco lo es que se reconozcan valías femeninas a lo largo de la historia, pero mucho menos que se trate de una científica -entre otras cosas porque las destacadas no abundan- y que esté viva y, a los 61 años que no se le notan ni en la cara ni en el ánimo, con capacidad de seguir aportando sus conocimientos por mucho tiempo. Así lo reconoce ella misma, quien tras mostrarse encantada y agradecida por el honor que le llega desde la Córdoba de sus amores, considera «muy interesante» la elección «de alguien aún vivo y activo». Me lo comentaba días atrás, cuando la llamé para felicitarla -desde que la entrevisté para este periódico hace siete años mantenemos contacto y afecto en la distancia, pues Casiana es persona abierta y entrañable, fácil de querer además de admirar-. «Para mí es una gran responsabilidad que acepto de muy buen grado -añade-. Estaré siempre dispuesta a apoyar las iniciativas del profesorado y a contribuir con ellos para que el IES Casiana Muñoz Tuñón sea un centro de referencia, querido y deseado por padres y alumnos».

Y no lo dice por decir, que la docencia está en los genes de esta investigadora y divulgadora de altura; tan alto vuela que conoce los senderos del firmamento como el pasillo de su casa. Su madre, Casiana Tuñón Cruz -hermana de Rafaela, pediatra que atendió a varias generaciones de niños en años de sanidad pública deficitaria-, fue directora por oposición del colegio Santa Rosa de Lima, hoy dinámico instituto bilingüe del Campo de la Verdad; un barrio popular donde vivió la familia y del que guarda estupendos recuerdos. Y ella misma, alumna aplicada del colegio de su madre, el instituto Góngora y la Facultad de Ciencias de Granada, sucesivamente, inició su currículum laboral como enseñante tras sacar la oposición de profesor titular en la Universidad de La Laguna. Pero, mujer inquieta, competitiva y dada a plantearse desafíos y cumplirlos, aun gustándole educar -y lo sigue haciendo a su modo- prefirió la libertad de movimiento que le daba la investigación, con múltiples viajes a congresos que dan alas.

Desde entonces, cuando no está liderando proyectos galácticos internacionales o explorando las estrellas con el macrotelescopio del centro de investigación canario -placer difícil de obtener porque está muy cotizado-, da conferencias por el mundo, forma parte de comités asesores diversos o incluso inventa. Diseñó y patentó, junto al doctor Vernin de la Universidad de Niza, un instrumento para medir la turbulencia atmosférica que se usa en los observatorios astronómicos para establecer la calidad del cielo. Esto último, tan poético y tan práctico, porque tiene que ver con la contaminación lumínica y el ahorro energético, es una de sus líneas de trabajo. Otra es la física de la formación violenta de las galaxias. Y, para no aburrirse, además de ser madre de familia -se casó con otro físico y tienen un hijo- hace deporte, sabe tocar la guitarra y no para de buscar alicientes a la vida. Una pieza única y estelar esta Casiana Muñoz Tuñón que ahora da nombre a un instituto.