El del Correo se pira. Vamos, que se ha jubilado. Si digo que me alegro por él, miento porque lo que hubiéramos querido es que una persona tan clara en la barra hubiera estado hasta que reventara. Y no puedo presumir de haber ido mucho ni tampoco de ser amigo de este hombre. Pero las veces que he ido, me he sentido tan a gustito aun cuando no podía ni moverme de lo chico que es… Recuerdo la primera vez que entré , me dio ganas de mear y le pregunté dónde estaba el servicio. Y Manolo me dijo: «Tira detrás de esa cortina seguido por el pasillo y ten cuidado con las macetas del patio». Me cago en sus líos. Un poquito más y no puedo ni sacármela. Las veces que fui, vi que este hombre no se casaba con nadie y siempre que hablaba lo hacía en un tono muy alto; yo creo que era una forma de sembrar que allí gente reservada no encaja. Porque en el bar Correo no podía esconderse ninguna mentira. Todo es verdad. Hasta los embustes que la peña echa con cuatro cañas de más. O de menos. Y esa liturgia que tiene Manolo de llenar la caña y salpicar y mancharte, te está diciendo que se admiten errores porque nadie es perfecto. Y hablando de calidad, pues que quieren que les diga, que la cervecita del Correo tiene el sabor más bueno que en ningún lado. Por eso, quien entraba y pedía otra cosa daba ganas de mandarlo a tomar por.... Se está de p... madre en el garito ese. Y quien tiene la suerte de pillar el recodo del final de la barra, está en las mismas glorias. Porque no solo está cómodo porque nadie le empuja, sino que le pillaba de cara todo el buen rollo que hay. Ya os digo que no puedo presumir de que este hombre me conozca mucho, pero no le hace falta, porque te echa una mirada y te hace una radiografía de quién eres y quién no eres. Y es que el que se tira cerca de cincuenta años detrás de una barra, sabe más que el FBI. Y ahora voy a decir algo: que por mucho que diga la etiqueta cordobesa del tabernero esaborío, lo cierto es que Manolo y toda esta generación de taberneros son para comérselos. Ahora se queda el negocio el otro. El alto ese que siempre estaba con él ayudándole. Este señor es un cheque también. No sé cómo habrá sido la cosa del traspaso del Correo, pero creo que eso es un acto de fidelidad y cariño. Porque lo que está claro es que el Correo da para vivir. Seguro que Manolo podría haber traspasado a estas sociedades que se lo llevan todo poniendo la pasta por delante. Pero se lo ha pasado a su currante más fiel. Creo que esa es la Córdoba verdadera, por la que debemos luchar, la de la personalidad más valiosa que los billetes. Querido Manolo, muchas gracias y llégate al Correo desde el otro lado de su universo. Que ahora será tu casa más todavía.

** Abogado